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Por la hermana Grace Fersola

Cuando se te llame, no te rehúses

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Nuestro Padre Celestial sabe el momento para que podamos servirle y mi tiempo es ahora


Cuando veo las Conferencias Generales de la Iglesia, me encanta escuchar las palabras y experiencias de los apóstoles y siervos del Señor, ya que para mí es muy sorprendente. Deseo contar parte de mi propia experiencia. Soy hija de estupendos padres y para mí, los mejores padres, Eduardo y Cristina quienes me han guiado y ayudado a conocer la Iglesia verdadera. Mi padre conoció la Iglesia con su familia cuando llegó a mi país, República Dominicana, pero solamente él tomó la decisión de ser bautizado. Al transcurrir los años conoció a Cristina, mi madre, con quien formaron una familia, sin embargo, mi padre nunca le contó que él era miembro de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos días.

Conformamos una bella familia con mis hermanos mayores, Eduardo, Consuelo y yo, luego nacieron Gabriela y Nicolás, pero aun mi padre no nos hablaba sobre la Iglesia. Debido a su trabajo debíamos mudarnos de casa muy frecuentemente. Un día a mi madre le invadió el deseo de asistir a una Iglesia, para entonces ya habíamos frecuentado algunas congregaciones sin poder encontrar lo que deseábamos y sin aceptar sus enseñanzas ni ceremonias. A mi madre le preocupaba que no tuviéramos un cimiento espiritual suficiente y un lugar que le ayudara a ella a criarnos mejor.

Ese día, mi madre oró a Dios con mucha fe, para que le indicara y guiara a una Iglesia la cual ella sintiera que era la verdadera. Al siguiente día, mi padre y mi hermano mayor iban caminando y encontraron a dos misioneros, élder Bill y élder Moya con quienes hablaron y concertaron una cita para poder llegar a casa y la pusieron para esa misma tarde. Mi padre al llegar a casa dijo que unos mormones de la Iglesia donde él se había bautizado años antes (1980) llegarían a visitarnos. Mi madre al escuchar esto sintió que era la señal por lo que ella tanto había orado. Estos siervos del Señor, a quienes mi madre siempre llamó ángeles, fueron guías constantes y un 23 diciembre del año 2000, mi familia completa se unió a la Iglesia verdadera por medio del bautismo. Yo tenía 11 años ese día glorioso, desde entonces crecía en mí el deseo de servir una misión y muchas veces sentí el llamado para servir, pero debido a mi temor, confusión y a muchos desafíos en mi vida, hice como Jonás del Antiguo Testamento. En una época me invadió cierta confusión, además de esto, mi padre enfermó de gravedad y atravesamos por muchos problemas económicos. Todo eso apagaba mi deseo para servir, durante seis años estuve inmersa en esta situación de no saber qué hacer, a pesar de que yo escuchaba el llamado para servir.

Continué esforzándome y cumpliendo con los llamamientos en la Iglesia, pero no era suficiente, sentía que debía servir una misión. Después de mi participación en el programa SOY y de leer una escritura en DyC 64:22, sentí crecer enormemente esa semilla en mi, a pesar de que los desafíos, dificultades, enfermedades, deudas, trabajo y demás me agotaban y consumían, decidí acudir a Dios en oración personal y a ayunar tantas veces como pudiera. Después de todo esto, recibí la respuesta de mi Padre Celestial, de que debía prepararme y servir una misión.

Con la valiosa ayuda y apoyo de mi madre, también del obispo, presidente de estaca y tantas personas más quienes me apoyaron y guiaron, logré prepararme y casi dos meses después recibí mi llamamiento el 10 de diciembre de 2016 para servir en la misión Managua Nicaragua Norte.

Entré al CCM de Guatemala el 8 febrero 2017 y al estar preparándome ahí   aumentó mi testimonio grandemente. Ha sido el CCM la mejor y más grande experiencia de mi vida, es como un hogar. Se experimentan muchos milagros y se aprende tanto, especialmente a tener la guía constante del Espíritu Santo. Pude entender que la misión es bondad, servicio y amor, esto aumentó mucho mi deseo de servir a nuestro Padre Celestial y qué gozo al saber que ayudaremos a otras personas a que encuentren el camino de regreso a Dios y que lo lograrán por medio del arrepentimiento y de recibir las ordenanzas salvadoras del evangelio.También aprendí que Jesucristo guía esta obra maravillosa.

Nuestro Padre Celestial sabe el momento para que podamos servirle y mi tiempo es ahora. Yo amo este evangelio, sé que es verdadero y que el Libro de Mormón es otro testamento de Jesucristo y que contiene la verdad.