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Por Ilsen Canales

5 Elementos para una vida consagrada

Vida consagrada

El élder D. Todd Christofferson nos enseña que “nuestra vida en la tierra es una mayordomía del tiempo y las opciones que nuestro Creador nos ha otorgado. La palabra mayordomía trae a la mente la ley de consagración del Señor que tiene una función financiera, pero más que eso, es una aplicación de la ley celestial a nuestra vida aquí y ahora. Consagrar es apartar o dedicar algo como sagrado, reservado para propósitos santos. El verdadero éxito en esta vida se logra al consagrar nuestro tiempo y opciones, a los propósitos de Dios. Al hacerlo, permitimos que Él nos eleve a nuestro destino más alto”. 

  1. Una vida consagrada es una vida pura. Consagración significa arrepentimiento. Se debe abandonar la obstinación, la rebelión y la justificación, y reemplazarlos con sumisión, un deseo de corrección y aceptación de todo lo que el Señor requiera. Esto es a lo que el rey Benjamín llamó despojarse del hombre natural, someterse al influjo del Espíritu Santo y hacerse santo “por la expiación de Cristo el Señor” (Mosíah 3:19). A tal persona se le promete la presencia constante del Espíritu Santo, una promesa que se recuerda y se renueva cada vez que un alma arrepentida participa de la Santa Cena del Señor. 

  2. Una vida consagrada es una vida de trabajo. Mediante el trabajo mantenemos y enriquecemos la vida; nos permite sobrellevar las desilusiones y tragedias de la existencia mortal. Lo que logramos con esfuerzo produce autoestima. El trabajo edifica y refina el carácter, produce belleza, y es el medio para servirnos unos a otros y a Dios.  

Así como el trabajo hace dulce el descanso, la recreación sana es el amigo y compañero estabilizante del trabajo. La música, el arte, el baile, el drama, los deportes, todos proporcionan entretenimiento para enriquecer la vida y consagrarla aún más. Cuando el pasatiempo pasa de virtud a vicio, es un destructor de la vida consagrada. 

  1. Una vida consagrada respeta el incomparable don del cuerpo físico. Un propósito central de la vida mortal es que cada espíritu reciba un cuerpo y aprenda a ejercitar el albedrío moral en un tabernáculo carnal. Si aceptamos estas verdades, seguramente no desfiguraremos nuestro cuerpo con tatuajes, ni lo debilitaremos con drogas, ni lo profanaremos por medio de fornicación, adulterio o inmodestia. Debemos consagrar su poder a servir y adelantar la obra de Cristo.  

  2. Una vida consagrada es una vida de servicio. Las personas que hacen el bien en forma callada y considerada son un modelo de consagración. Jesucristo ha sido nuestro ejemplo perfecto de lo que es el servicio. 

  3. Una vida consagrada es una vida de integridad. Se manifiesta en el esposo y la esposa que “honran sus votos matrimoniales con completa fidelidad”. Se manifiesta en el padre y la madre que demuestran que su prioridad principal es nutrir su matrimonio y asegurar el bienestar físico y espiritual de sus hijos. Se ve en aquellos que son honrados. El que vive una vida consagrada no trata de aprovecharse de los demás. La honradez es la buena tierra de la que la fe se enriquece. 

Tomado de: Discurso Conferencia General Octubre 2010  “Reflexiones sobre una vida consagrada” por el élder D. Todd Christofferson  


“El verdadero éxito en esta vida se logra al consagrar nuestra vida, es decir, nuestro tiempo y opciones, a los propósitos de Dios”

Élder D. Todd Christofferson