Un regalo inesperado para Navidad

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    José Ramón Torres narra su experiencia de servicio en un orfanato, cuando fue líder de la juventud en la rama Dolores, Distrito Santa Rosa Copán Honduras.

    Cuando fui presidente de los Hombres Jóvenes en mi rama, nos organizamos para prestar servicio en un orfanato. Queríamos compartir con los más necesitados, pero sorpresivamente fueron ellos quienes nos dieron un hermoso regalo.


    La Navidad es una época para dar gracias por las bendiciones que el Señor nos da. Sé que hay familias que no son tan prósperas y que hay niños y ancianos con vidas difíciles. Lo sé porque he visto a personas buscar comida en la basura. Eso me ha hecho pensar en qué puedo hacer para ayudar a mis semejantes.

     

    Sé que para muchos no es fácil prestar servicio, porque eso implica sacrificar el poco tiempo que tenemos disponible para nuestras familias. Pero también sé que, al demostrarnos amor los unos por los otros, especialmente en época navideña, podemos ser verdaderos discípulos de Cristo (véase Juan 13:35).

     

    En una ocasión, siendo presidente de los Hombres Jóvenes, tuve una experiencia muy especial. Como organización, planificamos visitar un orfanato. El plan era ir a un centro en donde había niñas que no tenían a sus padres. Esta sería una excelente experiencia para que los jóvenes pudieran ver de cerca las necesidades, y dieran de su tiempo y habilidades para dar un poco de consuelo a quienes, a diferencia de ellos, no tenían a sus padres.

     

    A causa de esa actividad aprendí muchas cosas. Vi el amor con el que esas niñas eran cuidadas y que entre ellas formaban una relación de familia. Me impresionó ver que les habían enseñado a tocar un instrumento musical.

     

    Tuvimos la oportunidad de visitarlas más de una vez, y así compartimos con ellas comida, pastel y algunos juegos. Aunque pensaba que éramos nosotros los que habíamos llegado a prestar servicio, sin obtener nada a cambio, al final fueron ellas quienes nos dieron el más hermoso regalo cuando tocaron algunas canciones con sus instrumentos.

     

    Fue un regalo inesperado. Fue un hermoso regalo que guardaré siempre en mi mente y en mi corazón. Nunca olvidaré el sentimiento de gratitud que tuve al estar en ese lugar y compartir con esas niñas un momento hermoso de felicidad.

     

    Me siento agradecido porque la Iglesia nos permite tener esas experiencias y creo que los que somos padres tenemos la responsabilidad de enseñar a nuestros hijos que ellos también pueden prestar servicio a sus semejantes. Es importante que ellos sepan que hay niños y ancianos que no tienen la bendición de tener comida caliente o que ni siquiera pueden pensar en tener tres comidas al día. Es importante enseñarles a ver con los ojos espirituales, para que entiendan y no critiquen la situación precaria en la que viven varias personas.

     

    Es mi deseo que tengamos presente a quienes sufren. Pido por los refugiados, que viven en condiciones infrahumanas debido a los problemas en sus países. También pienso en quienes sobreviven de la basura. Creo que debemos tenderles una mano, darles calor humano y apoyarles en lo que nos sea posible.

     

    Creo que la Navidad es un gran momento del año y podemos aprovecharlo al detenernos para hacer como lo enseñó en octubre de 2012 la presidenta de la Sociedad de Socorro, Linda K. Burton: “Para ayudarnos a amarnos mejor unos a otros, sugiero que recordemos cuatro palabras: ‘Primero observa; luego sirve’”.

     

    Recordemos que “en cuanto lo hicisteis a uno de estos, mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis” (Mateo 25:40).