Un amigo

    Un amigo

    Mis queridos hermanas y hermanos: Es un gran gozo y privilegio estar con ustedes.

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    ¿Pueden recordar algún momento en su vida cuando tuvieron que hacer algo nuevo por primera vez? Tal vez ingresaron a una nueva escuela o empezaron un nuevo empleo.  ¿Recuerdan cómo se sintieron? ¿Estaban emocionados? Tal vez se sentían nerviosos o hasta con miedo. 

    Ahora imagínense cómo se hubieran sentido si su mejor amigo hubiera estado a su lado cuando tuvieron esa nueva experiencia. Probablemente habrían sentido su fuerza y apoyo y todo temor habría desaparecido rápidamente.

    Así es exactamente cómo se sienten los investigadores cuando vienen a la Iglesia por primera vez. Ellos no saben qué esperar. Puede ser que no conozcan a nadie más en la capilla aparte de los misioneros que les están enseñando. Ellos sienten una nueva esperanza y la alegría de aprender el Evangelio restaurado, pero necesitan más. Ellos los necesitan a ustedes, necesitan un amigo.

    De hecho, el presidente Hinckley enseñó que cada nuevo converso necesita tres cosas muy importantes. Primero, necesitan una responsabilidad o una asignación en el barrio. Eso les ayuda sentir que son una parte valiosa y que contribuyen. Segundo, ellos necesitan aprender más sobre el Evangelio. Esto les ayuda a fortalecer y aumentar su testimonio. Y, en tercer lugar, el presidente Hinckley dijo que necesitan un amigo. Ellos los necesitan a ustedes. Necesitan su amistad, su amor y su apoyo.  Esto es algo que todos, como miembros de la Iglesia, podemos dar. Podemos ser un amigo para los investigadores y para los nuevos conversos.

    un
    amigo

    Si los misioneros son los únicos amigos de los investigadores o de los nuevos conversos, ¿qué pasará cuándo los misioneros se vayan? ¿Quién cuidará y protegerá a estos nuevos miembros de la Iglesia? Dios nos ha enseñado, “Amarás a tu prójimo como a tí mismo” (D. y C. 59:6). Cuando extendemos la mano a los nuevos miembros de la Iglesia, cumplimos este importante mandamiento.

    Cuando veamos una nueva cara en la Iglesia, espero que todos le demos la bienvenida a esa persona. Espero que todos les sonríamos y que les hagamos preguntas que muestren nuestro interés por ellos. Espero que los invitemos a sentarse con nosotros. Espero que compartamos nuestro himnario o Escrituras con ellos. Espero que les mostremos la capilla. Espero que todos los amemos. El Señor ha dicho: “De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a lo hicisteis” (Mateo 25:40).

    Que podamos demostrar nuestro amor por el Señor y nuestro agradecimiento por el Evangelio en nuestras vidas al amarnos unos a otros, sobre todo a nuestros investigadores y nuevos conversos.

    Testifico de la bondad de Dios, nuestro Padre Eterno y Su hijo Jesucristo y de Su amor supremo por todos Sus hijos, y digo estas cosas en nombre de Jesucristo, amén.