Ministrar a la manera del Señor

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    La ministración no solamente cambiará la vida de las personas a quienes servimos, sino que también cambiará la nuestra.


    El comentario de un líder sobre la ministración me preocupó profundamente. Cuando le pregunté: “¿Cómo les ha ido con la ministración? ¿Han notado la diferencia?” él me contestó: “Es lo mismo, solo que ha cambiado de nombre”.

     

    Por la respuesta de este buen hermano, es muy probable que él haya estado ministrando de la manera correcta y que por tal razón no sintiera la diferencia; por otro lado, puede ser que no comprendiera la diferencia.

     

    Cuando el profeta Russell M. Nelson anunció la ministración en abril de 2018, dijo que era “un enfoque más nuevo y santo de cuidar . . . a los demás,” es decir una manera más semejante a como Cristo lo haría. A continuación, mencionaré algunos de los principios que he aprendido por medio de la ministración.

     

    La necesidad universal es fortalecer nuestra fe en Dios el Padre y en su Hijo Jesucristo

     

    Nada tendrá un impacto más profundo en la vida de una persona que ayudarle a venir y conocer a Dios el Padre y a su Hijo Jesucristo; por tal razón muchos de nosotros tenemos gran admiración y respeto por aquellos misioneros que una vez vinieron para abrir nuestros ojos y nos ayudaron a conocer al Señor. El mundo en general necesita ese testimonio; el conocimiento del Plan de Salvación de nuestro Padre traerá paz y felicidad a aquellos que se encuentran sin rumbo en esta vida. Conocer lo que la expiación de Jesucristo provee para sus vidas les permitirá hacer cambios a fin de arrepentirse y guardar los mandamientos lo cual les dará esperanza y seguridad en este mundo convulsionado.

     

    No debemos olvidar las palabras del Libro de Mormón, “Por tanto, velaban por su pueblo, y lo sustentaban con cosas pertenecientes a la rectitud” (Mosiah 23:18). Nuestro propósito principal es salvar almas, para que los hijos de Dios vuelvan a su presencia como una familia unida.

     

    La ministración debe ser guiada por el Espíritu Santo

     

    Es importante recordar que todas las personas son diferentes; por lo tanto, tienen necesidades diferentes que muchas veces no son evidentes. Existen enfermedades y dolencias del alma que solo se pueden percibir por el Espíritu del Señor. Por eso es muy importante que nuestro deseo de ayudar a otros esté acompañado por la oración pidiendo guía y ayuda que se enfoque en cada una de las personas que ministramos.

     

    Debemos también utilizar las reuniones de compañerismo y las entrevistas trimestrales de ministración con el líder del cuórum o con la presidencia de la Sociedad de Socorro para deliberar en consejo sobre las fortalezas, las necesidades y los desafíos de estas personas. Si nuestro deseo es bueno y nuestro corazón es puro, tendremos derecho de recibir revelación a fin de que podamos discernir las necesidades espirituales y físicas de aquellos que ministramos de manera que podamos ser el instrumento del Señor para aliviar sus cargas.

     

    Ayudar a otros a permanecer en las ordenanzas y la senda de los convenios

     

    Las ordenanzas y los convenios del Evangelio tienen el poder de guiarnos y mantenernos en la senda de la vida eterna. El Señor dijo:

     

    “Así que, en sus ordenanzas [del Sacerdocio de Melquisedec] se manifiesta el poder de la divinidad. Y sin sus ordenanzas y la autoridad del sacerdocio, el poder de la divinidad no se manifiesta a los hombres en la carne” (D. y C. 84:20–21).

     

    En una capacitación de liderazgo en april de 2018 en la que estuve presente, el presidente Nelson dijo lo siguiente: “Lo que Dios desea es la inmortalidad y la vida eterna para sus hijos. La vida eterna con Él es un don condicionado por la fe, el arrepentimiento, el bautismo, el don del Espíritu Santo y los convenios (los que hacemos cada semana en la Santa Cena y los convenios del templo y las ordenanzas selladoras del templo) y luego siendo fieles a esos convenios que hicimos. Tengan ese objetivo en mente al enseñar como ministrar: Ministrar, ¿con que propósito? Para que ellos puedan reunirse con Dios, con Cristo y con sus familias para siempre”.

     

    Las ordenanzas nos hacen uno con nuestro Padre Celestial y abren los cielos para que podamos vencer los desafíos que nos impiden progresar en esta vida y volver a Él. En vez de enfocarnos en actividades que nos mantengan ocupados, debemos enfocarnos en los resultados que bendecirán a aquellos que ministramos. Quizás debemos preguntarnos: ¿Cuál es la siguiente ordenanza que ayudaría a esta familia o persona a acercarse más al Salvador?

     

    Utilizar el sacerdocio de Dios para bendecir a las personas y familias

     

    He notado que algunos nudos no se pueden deshacer a menos que sea por el poder de Dios. Por eso cuando me doy cuenta de que un desafío ha sobrepasado mi capacidad de solucionarlo, acudo al poder del sacerdocio que poseo; muchas de las experiencias más significativas de mi vida tienen que ver con la forma en que Dios se ha manifestado por medio de ese poder. No debemos olvidar que estamos actuando en el nombre y en representación del Salvador y que Él tiene el poder de obrar milagros en la vida de las personas. Como sus representantes debemos estar a tono con el Espíritu para saber Su voluntad y actuar de acuerdo con ella.

     

    Aliviar la carga de aquellos que sufren

     

    Mientras podamos debemos hacer algo por nosotros mismos y con nuestros propios medios para ayudar a otros que sufren por la falta de recursos en esta vida. Si las necesidades de la familia sobrepasan nuestra capacidad de actuar, entonces debemos buscar el medio que Dios ha establecido en su Iglesia. Entre mis notas de la capacitación para las Autoridades Generales de marzo de 2018, escribí que el presidente Nelson dijo lo siguiente: “Comprendí una vez más que una de las características distintivas de la restauración de la Iglesia del Señor era tener un plan organizado para que sus miembros cuidaran de otras personas”.

     

    Los principios, la organización del sacerdocio y el plan establecido por la Iglesia son los medios que el Señor ha establecido para que Sus hijos no sufran en la soledad en esta tierra; estos medios están disponibles para todos aquellos que lo necesitan. Quizás los actos de ustedes no cambiarán permanentemente la vida de los demás, pero al salir de su hogar, ellos podrán sentir que no están solos y que tienen esperanza porque les tienen a ustedes.

     

    El amor puro de Cristo

     

    El Salvador dijo: “Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis los unos a los otros” (Juan 13:34).

     

    El enfoque de la ministración está en las personas, no en las visitas, y es un medio para ayudarnos a cumplir con el mandamiento de amar a nuestro prójimo como Cristo nos amó a nosotros. La ministración no solamente cambiará la vida de las personas a quienes servimos, sino que también cambiará la nuestra. El servicio a nuestros semejantes nos permitirá participar de la caridad, que es “el amor puro de Cristo” (Moroni 7:47). Sentiremos compasión como Él sintió compasión, misericordia como Él sintió misericordia por otros. Además, sentiremos que estamos siguiendo Su ejemplo en una forma más elevada, y que estamos más preparados para cumplir el mandamiento de ser como Él es. Todo esto hará que haya un cambio en nuestro corazón, el cual es absolutamente necesario para convertirnos a Dios y su Evangelio.

     

    Quisiera concluir con una pregunta totalmente opuesta a la que irónicamente hizo Caín al Señor y que hubiera cambiado el rumbo de su vida si la hubiera comprendido:

    “¿No soy yo acaso, el guarda de mi hermano?” (compárese con Genesis 4:9).

     

    Testifico que sí lo somos. La esencia misma del Evangelio es esa, que somos responsables ante Dios por nuestros semejantes, porque son nuestros hermanos y debemos cuidar de ellos.