Mensaje de Pascua de la Primera Presidencia 

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    “¡Ha resucitado!” (Mateo 28:6). Este es el glorioso mensaje de la Pascua y un gran recordatorio de la victoria de Jesucristo, el Hijo de Dios.

    El Salvador resucitó, como todos lo haremos. Él sufrió para poder socorrernos en todas nuestras pruebas. Pagó el rescate por nosotros como hijos del Padre Celestial para que podamos ser liberados de la muerte y del pecado.

    La “esperanza viva” (1 Pedro 1:3) que nos da la Resurrección es nuestra convicción de que la muerte no es el fin, sino un paso necesario de la mortalidad a la inmortalidad. Todos debemos alabar a Dios por la resurrección asegurada, que hace que nuestra separación mortal sea temporal y que nos da la esperanza y la fortaleza para continuar.

    Damos gracias a Dios por Su Hijo, por Su misión en la mortalidad y por Su ministerio como el Señor resucitado. Testificamos que Jesús es el Cristo, el Hijo del Dios viviente. Él es nuestro Creador, Salvador y Redentor, Defensor ante el Padre y Libertador. Un día regresará para gobernar y reinar como Rey de reyes y Señor de señores.