El templo en la vida de los jóvenes

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    Muchos jóvenes y sus líderes del Barrio Arrazola lograron indexar más de 10,000 nombres. En septiembre del 2018, cada uno de ellos pudo llevar cinco nombres propios al Templo de Quetzaltenango y hacer ordenanzas por sus antepasados.

    Muchas de las promesas a los jóvenes que respondan con fe a la invitación de participar en la obra en el templo y la Historia Familiar se están realizando.


    “Quiero que mis jóvenes recuerden esta hermosa tradición de su juventud”. El obispo Josué Echeverria compartió estas palabras con algunos padres al ver a sus jovencitos agruparse para la foto mensual en los jardines del templo. Entre risas, abrazos y mucho entusiasmo, los jovencitos, con su mejor sonrisa, mostraban sus tarjetas con nombres propios con las cuales habían efectuado bautismos vicarios por sus antepasados. Estos jovencitos realmente disfrutan estar juntos; existe un lazo de hermandad entre ellos.

     

    El obispo ha entendido que al fomentar estas visitas mensuales y hacer de la obra en el templo y la Historia Familiar una constante en la vida de sus jovencitos, les permite fortalecer su testimonio y permanecer seguros en el camino del convenio. La importante iniciativa fue suya y el trabajo maravilloso se ha hecho en conjunto con los buenos y dedicados líderes de Hombres y Mujeres Jóvenes, maestros de clase, maestros de seminario y padres de estos jovencitos.

     

    Los jóvenes del Barrio Arrazola han estado visitando el Templo de la Ciudad de Guatemala mensualmente desde febrero del 2017. Las únicas interrupciones han sido durante el tiempo que el templo ha cerrado sus puertas por mantenimiento. Un promedio de 20 jóvenes ha asistido mensualmente durante estos dos años.

     

    En cada visita esa es la regla: todos llevan sus propios nombres. Al aprender a buscar sus propios nombres, se han hecho expertos y han efectuado alrededor de 1,500 ordenanzas por sus propios antepasados durante este tiempo. El grupo de alrededor de seis presbíteros ayuda a efectuar los bautismos vicarios durante cada visita.

     

    Sumado a esto, fueron llamados los presbíteros y laureles como consultores de Historia Familiar de barrio. Ellos se han dado a la tarea de visitar hogares de nuevos conversos y miembros mayores que no sabían cómo comenzar su Historia Familiar. En algunos casos les han ayudado a vencer el obstáculo que para ellos implicaba el uso de la tecnología. Los jóvenes han llegado incluso al hogar de miembros menos activos e investigadores y han sido en ambos escenarios una herramienta útil en las manos del Señor para que estos se interesen en estas ordenanzas para sus seres queridos.

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    Los jóvenes del Barrio Arrazola han estado visitando el Templo de la Ciudad de Guatemala mensualmente desde febrero del 2017.

    En septiembre del 2018 en el consejo de obispado para la juventud, se decidió agregar un nuevo desafío: que cada jovencito indexara 250 nombres. Si los jóvenes cumplían esa meta podrían llevar cinco nombres propios al Templo de Quetzaltenango, a unos 200 km de la Ciudad de Guatemala. Treinta jóvenes y sus líderes cumplieron esa meta y la excedieron; lograron indexar más de 10,000 nombres. Juntos emprendieron la aventura y viajaron a Quetzaltenango con sus propios nombres; para algunos de ellos esta fue su bienvenida al programa de Hombres y Mujeres Jóvenes con tan sólo 11 años.

     

    Al finalizar esta hermosa sesión de bautismos, los jóvenes tuvieron una reunión espiritual en la cual compartieron sus testimonios de la obra que se hace en el templo. El barrio actualmente cuenta con ocho misioneros en el campo y dos jóvenes que están esperando partir en las próximas semanas. La mayoría de estos jóvenes han participado mensualmente de las visitas al templo.

     

    Roberto Elías Ocampo, quien recién salió del programa de Hombres Jóvenes y espera partir a su misión en las próximas semanas, compartió, “Me satisface ir al templo con mis amigos. Juntos nos esforzamos por permanecer dignos. La felicidad es más grande ahora que tuve la oportunidad de hacer otros convenios con el Señor y servirle en el templo en otras capacidades”.

     

    La inspiración de un buen obispo apoyado por líderes diligentes y amorosos al motivar a sus jóvenes a mantenerse preparados para entrar al templo, les ha traído bendiciones incontables. Los jóvenes se sienten comprometidos con permanecer limpios. Al compartir sus testimonios hablan sobre su amor por Jesucristo. Ellos han desarrollado un sentido de identidad y pertenencia. Para muchos de ellos, sus mejores amigos son sus compañeros en los Hombres y Mujeres Jóvenes de su barrio; se sienten seguros y amados.

     

    El élder David A. Bednar ha hecho maravillosas promesas a los jóvenes que respondan con fe a la invitación de participar en la obra en el templo y la Historia Familiar. Entre ellos: “Su testimonio del Salvador y su conversión a Él serán profundos y perdurables. Y les prometo que serán protegidos contra la creciente influencia del adversario. A medida que participen en esta obra sagrada y lleguen a amarla, serán protegidos en su juventud y durante su vida” (“El corazón de los hijos se volverá”, Liahona, octubre 2011).

     

    Muchas de estas promesas se han hecho realidad. Estos jóvenes disfrutan de participar de sus organizadas mutuales cada martes, incorporarse en proyectos de servicio y apoyarse unos a otros. Se han convertido en salvadores en el Monte de Sión. Aman a su Salvador y lo expresan a menudo.

     

    Sus vidas han sido influenciadas por la eternidad.