Centrar su vida y su hogar en Cristo

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    “Ven, sígueme” es una amorosa invitación de nuestro Padre Celestial de hacer de nuestro hogar una casa de instrucción.


    Cuando los misioneros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días llegaron a nuestro hogar en el año de 1974, mis dos hermanos y yo éramos niños entre los 9 y 11 años. Ese mismo año nos bautizamos y en esa época disfrutamos mucho el tiempo en familia. Crecimos en un ambiente en el que no había mucho de los distractores que hoy tenemos.

     

    En la actualidad tanto los individuos como las familias enfrentamos uno de los mayores desafíos que pueden privarnos de lograr la verdadera paz y la felicidad que proviene de centrar nuestra vida y el hogar en Jesucristo.

     

    En la conferencia general de abril de 2019, el presidente Dallin H. Oaks enseñó: “Muchas veces debemos decidir entre dos cosas buenas, lo cual a menudo implica cómo utilizaremos nuestro tiempo. No hay nada de malo en jugar a los videojuegos, enviar mensajes de texto, mirar televisión o hablar por teléfono, pero cada una de esas cosas presupone lo que llamamos un ‘costo de oportunidad’; lo cual significa que, si pasamos tiempo haciendo algo, perdemos la oportunidad de hacer otra cosa” (“A qué conducirá esto?”).

     

    En el mismo discurso, el presidente Oaks citó palabras de un discurso que había dado en octubre de 2007: “El número de cosas buenas que podemos hacer es mucho mayor que el tiempo disponible para lograrlas. Algunas cosas son mejores que buenas, y merecen que les demos prioridad… Debemos abandonar algunas cosas buenas a fin de elegir otras que son mejores o excelentes” (“Bueno, mejor, excelente”).

     

    La mayoría de nosotros nos enfrentamos a diario con tantas ocupaciones y actividades que parecería que el tiempo no alcanza para más. Es fácil caer en la trampa de sentirnos que estamos aprovechando el tiempo haciendo tantas cosas buenas, pero que posiblemente no sean las más importantes.

     

    En el Nuevo Testamento recordamos la historia de Marta a la que el Señor le dijo: “Marta, Marta, afanada y turbada estás con muchas cosas. Pero solo una cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada” (Lucas 10:41–42).

     

    Entonces ¿qué podemos hacer para centrar nuestra vida y el hogar en Cristo?

     

    Comparto algunas sugerencias que el élder Richard G. Scott enseñó en la conferencia general de abril de 2013 (“La paz en el hogar”):

     

    • “Asegúrate de que toda decisión que tomes, ya sea temporal o espiritual, esté basada en lo que el Salvador desea que hagas. Cuando Él es el centro de nuestro hogar, hay paz y tranquilidad; y llena la casa un espíritu de seguridad que todos los que viven allí sienten”.
    • “Estoy seguro de que puedes reconocer los principios fundamentales que hacen que tu hogar se encuentre centrado en el Salvador”.

    Entonces el élder Scott compartió el consejo profético de orar y de estudiar las Escrituras diariamente, tanto de modo personal como en familia, y de tener la noche de hogar semanalmente. Estos son los elementos principales que sostienen la estructura de un hogar centrado en Cristo. También ofreció otras ideas:

     

    • “Sé prudente al usar la tecnología. Marca los pasajes importantes en tu aparato y consúltalos con frecuencia. Si ustedes, jóvenes, repasaran un versículo con tanta frecuencia como algunos mandan mensajes de texto, pronto sabrían de memoria cientos de pasajes de las Escrituras, los que se convertirían en una poderosa fuente de inspiración y de guía del Espíritu Santo en momentos difíciles”.
    • “Al combinar esos esfuerzos de obediencia con el prestar servicio a quienes te rodean, obtendrás mayor paz... Cuando uno obedece los mandamientos del Señor y presta servicio a Sus hijos desinteresadamente, la consecuencia natural es el poder de Dios, el poder para hacer más de lo que podemos por nosotros mismos”.
    • “Al centrar tu hogar en el Salvador, se convertirá naturalmente en un refugio, no sólo para tu familia, sino también para aquellos amigos que vivan circunstancias difíciles, quienes se sentirán atraídos por la tranquilidad que reina allí”.

     

    Recientemente nuestro amado profeta, el presidente Russell M. Nelson, nos aconsejó: “Derramen su corazón a Dios. Pregúntenle si estas cosas son verdaderas. Aparten tiempo para estudiar Sus palabras; ¡realmente estudien! Si realmente aman a su familia y si desean ser exaltados con ella por la eternidad, paguen el precio ahora —por medio del estudio diligente y la oración ferviente — para conocer estas verdades eternas y luego para vivir de conformidad con ellas” (“Ven, sígueme”).

     

    Queridos hermanos y hermanas, la revelación del programa de estudio para individuos y las familias, “Ven, sígueme,” es una amorosa invitación de nuestro Padre Celestial de centrar nuestra vida y nuestros hogares en Jesucristo.

     

    Testifico de las bendiciones que se derraman cuando con diligencia estudiamos las Escrituras en casa. El amor, la paciencia, el perdón y la paz vienen poco a poco a medida que perseveramos y apartamos el tiempo necesario para hacer de nuestro hogar una casa de instrucción.

     

    En respuesta a nuestras oraciones sinceras pidiendo guía, el Señor nos dirigirá para saber en qué debemos enfocarnos durante cada etapa de nuestra vida.

    Podemos aprender, progresar y llegar a ser como Él, paso a paso, en forma constante.

     

    Comparto mi testimonio del poder sanador de nuestro Salvador. Su expiación hace posible que todos tengamos la posibilidad de alcanzar las bendiciones y de ser más como Él es. Él nos ama y desea que todos regresemos de nuevo al hogar celestial.