El Barrio La Unión pone en marcha el programa de autosuficiencia en el Golfo de Fonseca

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    En tiempos de dificultad, un barrio se organizó para aprender a ser autosuficiente a través de los programas que ofrece la Iglesia.


    En el océano Pacífico, en donde se unen los países de Honduras, Nicaragua y El Salvador, existe un entrante natural de mucha agua a la que los colonizadores españoles llamaron El Golfo de Fonseca. Este es un lugar estratégico, con gran potencial para el comercio y la industria.

     

    A escasos metros sobre el nivel del mar y con un clima tropical, se ubica el Barrio La Unión, de la Estaca San Miguel El Salvador. El barrio, a 205 kilómetros de San Salvador, es una de las congregaciones más numerosas del golfo; cada semana se reúnen aproximadamente 130 miembros provenientes de diversas poblaciones aledañas.

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    En el Golfo de Fonseca hay miembros de la Iglesia que están haciendo esfuerzos por aprender a ser autosuficientes.

    Las personas en La Unión tienen un desafío en común y es que a pesar de que la zona tiene un gran potencial económico, la escasez de empleos e industria hace que la población sufra la falta de ingresos y de desarrollo personal. Los miembros de la Iglesia no están exentos de estos problemas sociales.

     

    El obispo Lenim Villatoro nos cuenta su experiencia: “Nuestros miembros tienen una gran fe en el Evangelio y son muy fieles en todo llamamiento y asignación. Pero hemos tenido un problema: La mayoría no tienen empleo, ni son empresarios. Solo tienen trabajos eventuales o reciben ayuda de sus familiares en el extranjero”.

     

    Sin embargo, no se quedan de brazos cruzados, asegura el obispo Villatoro. “Dedicamos muchos esfuerzos por erradicar el problema a través del programa inspirado de autosuficiencia de la Iglesia. Los talleres de autosuficiencia proveen conocimientos y herramientas poderosas para desarrollar competencias y talentos. Esta ha sido la respuesta a la oración de muchas familias y ha motivado a la gran mayoría que asiste a los talleres para que puedan iniciar su propio negocio”.

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    Algunos miembros del barrio ahora tienen pequeñas granjas, comercios y pequeñas fábricas. “Con mucha satisfacción puedo decir que abastecen para los suyos y también para los demás al ser creadores de empleos”, añade el obispo.

     

    La hermana Rosa Díaz de Benítez ha sido un ejemplo de superación después de realizar el taller de autosuficiencia. En el barrio se impartió un taller de corte y confección, que fue la base para que la hermana Benítez se incorporara a otros programas de capacitación social. A través de concursos y su esfuerzo, obtuvo maquinaria profesional y ahora tiene una sociedad con 15 mujeres que se desenvuelven en el sector de costura. Ella es generadora de varios empleos directos e indirectos, ya que fabrica uniformes para instituciones educativas y comerciales.

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    El obispo Lenim Villatoro se esfuerza por elevar a los miembros de su barrio con el programa inspirado de autosuficiencia de la Iglesia.

    La hermana Benítez dice que volverse autosuficiente ha bendecido a su familia. “Puedo sentirme más útil e independiente, y al saber que puedo aportar a las necesidades del hogar, eso me da mucha satisfacción. Mi familia se siente más unida y bendecida por el esfuerzo que he hecho al tener mi negocio propio”.

     

    Ahora que su negocio prospera, la hermana Benítez se dedica a impartir el curso de autosuficiencia en el barrio a todo el que se acerque. Su historia es una fuente de motivación para otros.

     

    Ella comenta: “Me siento muy feliz, ya que es un sueño realizado y puedo ayudar a otros, especialmente a mi familia y a los miembros de mi barrio. Me siento agradecida por tener un don y que Dios me haya permitido compartirlo y ser productiva. Al compartirlo sin esperar nada a cambio, sé que el Señor me bendecirá y me dará más dones”.

     

    Está feliz de dar aliento y apoyo emocional a aquellos que buscan ser más autosuficientes. “Cuando hacemos algo de corazón, eso puede ayudar a animar a otros. Al experimentar el curso y ver las bendiciones del Señor, tengo total certeza para poder afirmar a todos mis hermanos: ‘Fue el Señor quien me bendijo a mí para lograrlo, y les invito con todas mis fuerzas a cultivar sus talentos ya que Él también les bendecirá’”.

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    Después de realizar el taller de autosuficiencia, la hermana Rosa Díaz de Benítez obtuvo maquinaria profesional y ahora fabrica en su propio negocio uniformes para instituciones educativas y comerciales.

    El desarrollo de las familias que asisten y aplican el conocimiento de los talleres se ha convertido en algo visible. Los miembros de La Unión ven con optimismo hacia el futuro. Saben que el progreso de la Iglesia en lo temporal está íntimamente ligado a la fe en el Salvador, Jesucristo.

     

    Toda persona que se acerque al barrio podrá notar el calor humano, y no solo el que provoca el cálido clima, ya que las personas están dispuestas a darlo todo por el progreso de la obra de Dios. Aunque la región está separada por fronteras marítimas y terrestres, para los hermanos de La Unión, su esfuerzo en la obra de salvación de los hijos de Dios será la convergencia que unifique al golfo.

     

     

     

    Si a usted le interesa aprender más sobre la autosuficiencia y aplicar los principios que se aprenden en los grupos, puede hacer lo siguiente: