Por Adriana Ortiz

    Seminario fortalece nuestra fe en Dios y Jesucristo

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    Quienes han vivido la experiencia de estudiar seminario saben que no es fácil. Pero todo esfuerzo tiene su recompensa, en esta vida y en la eternidad.

    Deseo compartir mi experiencia al participar del programa seminario durante cuatro años.

    Para iniciar, sé que las escrituras son verdaderas. Sus enseñanzas son maravillosas; nos hablan de Cristo y nos enseñan la fuente a la que debemos acudir ante las dificultades de la vida.

    Lo sé por mi propia experiencia. Los programas de seminario e instituto de religión han sido inspirados para bendecir la vida de miles de jóvenes, incluyendo la mía. Estos programas nos acercan a Cristo, fortalecen la fe y la relación que tenemos con Dios, nuestro Padre, y Cristo, nuestro Salvador.

    Siempre fui una estudiante promedio en mis estudios académicos. Me esforzaba, pero no lograba las notas que deseaba. Al poner más empeño en seminario, mis notas también se elevaron. No solo adquirí conocimiento secular, sino tesoros escondidos, sabiduría e inteligencia que vienen de Dios.

    Las bendiciones de leer las escrituras y participar en las clases también se vieron reflejadas en mi salud mental.

    Cursar seminario no es fácil, pero siempre es satisfactorio. El Señor nos bendice si cumplimos con lo que Él manda: “Yo, el Señor, estoy obligado cuando hacéis lo que os digo; mas cuando no hacéis lo que os digo, ninguna promesa tenéis” (D. y C. 82:10).

    En los dos últimos años, tuve la bendición de tener a mi madre como maestra. Ella siempre me enseñó en casa la importancia del Evangelio, y como alumna sentí más fuerte su apoyo. Además, nuestra relación aumentó.

    Actualmente participo en instituto de religión y me preparo para ser una misionera de tiempo completo. Tengo claras mis metas. Pienso en mi formación profesional y en ser esposa y madre. Sé que todo llegará a su tiempo y que el programa de seminario, sin duda, puso los cimientos de todo esto.

    A los jóvenes seminaristas, les dejo un consejo: aprovechen y valoren este hermoso programa. Este es el momento para prepararnos.

    Amo a Dios y este Evangelio. Agradezco por tener un profeta y por el programa de seminario.

    Nota: El artículo y la foto fueron realizados a partir de una entrevista por Sergio A. Molina, Páginas Locales de la Liahona, El Salvador.