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Por Abish Barahona

Homenaje al Presidente Thomas S. Monson

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'Fue un honor para mí haber formado parte de la generación guiada por un hombre tan sabio y amoroso como el presidente Monson'


Tengo 18 años, pertenezco al barrio Fesitranh, de la estaca Fesitranh. Hace unos meses se me dio el llamamiento de servir como la corista de la Primaria de mi barrio. Estaba muy nerviosa porque acababa de salir de las Mujeres Jóvenes y nunca había tenido un llamamiento, pero oré al Padre y confíe en que Él me ayudaría a poder enseñar a los niños cómo la música nos acerca más a Él.

Un día estaba planificando la clase para el domingo cuando un amigo me mandó una noticia donde decía que el presidente Monson había fallecido. Estaba muy consternada e impactada ya que el presidente Monson fue un gran líder para mí, así que oré al Padre y le pedí inspiración para saber qué hacer el domingo con los niños y sentí la impresión de que debíamos hacer un homenaje al presidente Monson. Hablé con la consejera encargada de la música y la presidenta de la Primaria para saber si estaba bien la idea y ellas la aceptaron.

Empecé a hacer mis preparativos para la clase, busqué historias de la infancia del presidente Monson y experiencias que él había compartido en su trayectoria como líder de la Iglesia y busqué himnos que se relacionaran con las historias.

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Tenía todos mis materiales y los himnos ya para la clase, pero no tenía una imagen del presidente Monson, así que decidí hacer un retrato de él. Siempre me ha gustado dibujar y pintar, y el tener que hacer un retrato del profeta fue un gran reto para mí, pero confié en que quedaría bien. Empecé a hacerlo y se me dificultó mucho, sentía que algo me impedía dibujar, me sentía oprimida y no estaba disfrutando ese dibujo. Pero no me detendría, eran las 10 de la noche y yo no había avanzado lo suficiente en mi dibujo y al día siguiente tendría que dar el homenaje, así que estaba pensado que mejor me iría a dormir y daría mi clase sin ninguna imagen del profeta. Estaba tan decidida a no hacerlo ya, pero algo me detuvo, y sentí la fuerte impresión de que debía doblar mis rodillas en ese mismo instante y rogar al Padre por inspiración para poder lograr mi dibujo y que los niños pudieran tener una buena clase al día siguiente, y así lo hice.

Tan pronto como terminé de orar tomé un lienzo nuevo y comencé a dibujar. No puedo describir cómo me sentía esa noche. Los trazos, el lápiz, el papel éramos uno solo, no sentía que fuera yo quien estaba dibujando eso, a pesar de que ya eran las tres de la madrugada y estaba muy cansada, no quería dejar de dibujar. Al principio sentí que estaba sola en mi pequeña sala, pero mientras me internaba en mi dibujo pude sentir como que ángeles me acompañaban y estaban ahí apoyándome para que terminara mi dibujo.

Al terminar mi dibujo aproximadamente a las cuatro de la mañana lo pude ver y lloré porque no creí que fuera capaz de terminarlo. Me arrodillé y agradecí al Padre por el maravilloso talento que me dio, por enviar a personas a que me cuidaran esa noche y por el privilegio que me dio de haber formado parte de la generación que el presidente Monson instruyó.

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Cuando llegó el momento de dar la clase y cuando mostré el dibujo a los niños de la Primaria, ellos quedaron asombrados y compartimos las historias del profeta y cantamos los himnos con mucho fervor. En esa pequeña clase pude sentir y pude saber que valió la pena mi esfuerzo, al ver cómo los niños se admiraban del dibujo y cómo cantaban para el profeta, no pude evitar sonreír y llorar de agradecimiento a mi Padre. Sentí cómo en esa pequeña clase el espíritu nos testificó a todos que realmente el presidente Monson fue un profeta del Señor y yo personalmente pude sentir que el presidente Monson estaba ahí acompañándonos y estaba agradecido por el pequeño homenaje que le hicimos.

Muchas veces sentí que el tiempo en que había nacido no era el adecuado y que todos los talentos que tenía no los desarrollaría, pero ahora puedo ver que nací en esta dispensación porque era parte del plan que un profeta llamado Thomas Spencer Monson fuera quien me guiara y me instruyera, quien me recordara que soy una hija de Dios, quien me motivara a servir una misión a mis 19 años, que fuera él quien me exhortara y me enseñara la importancia de leer el Libro de Mormón diariamente. Fue él quien me mostró que debo servir ciegamente a quien lo necesite, fue él quien me exhortó como un tierno padre y quien me mostró el camino de regreso a mi hogar celestial, y sé que algún día lo veré y le diré con lágrimas en mis ojos cuán agradecida estoy por todo lo que me enseñó y por todos los cambios que me ayudó a realizar.

Fue un honor para mí haber formado parte de la generación guiada por un hombre tan sabio y amoroso como el presidente Monson y sé que cuando el Señor nos diga que la generación guiada por el presidente Monson se levante, muchos se admirarán de nosotros porque fuimos instruidos por un gran siervo del Señor en tiempos muy difíciles de entender, donde la maldad es cada día más normal, pero donde el profeta nos enseñó cómo aferrarnos a la barra de hierro. No tengo dudas de que así será.