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Por Josue A. Peña

¿Existe la verdadera amistad?

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“Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos”

Juan 15:13

¿Es posible desarrollar un afecto personal, puro y desinteresado por alguien?, y que esta persona a su vez comparta el mismo sentimiento y, a medida que pasa el tiempo, este se desarrolle y fortalezca siendo capaz de superarlo todo desde prejuicios a obstáculos  recibiendo mutuamente apoyo constante, agradecimiento sincero o perdón sin condiciones. En cada etapa de nuestra vida llegamos a socializar con otras personas que por edad, forma de pensar, localidad o por gustos se desarrollan vínculos que nos unen.

Los desacuerdos o inclusive una falsa expectativa pueden llegar a dañar este sentimiento y dar por terminada la relación de amistad. Muchas veces he escuchado la frase “la verdadera amistad es un mito”; sin embargo, en las escrituras encontramos varias historias que nos muestran el sentimiento verdadero de la amistad.

En el Antiguo Testamento el hijo del rey Saúl, llega a admirar tanto a David y a desarrollar una amistad tan pura que a pesar de todos los intentos por destruirlo injustamente, él lo protegió. En 1 Samuel 18:1 leemos: “el alma de Jonatán quedó ligada con la de David, y le amó Jonatán como a sí mismo”. Alma, mientras predicaba en las aguas de Mormón, le predicó al pueblo, “y les mandó que no hubieran contenciones entre uno y otro sino que fijasen su vista hacia adelante con una sola mira, teniendo una fe y un bautismo, teniendo entrelazados sus corazones con unidad y amor el uno para con el otro”. - Mosíah 18:21.

El pueblo de Sion es caracterizado porque llegaron a ser uno en corazón y en propósito, el Señor  nos dice: “Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos si hacéis las cosas que yo os mando”. - Juan 15:13–14.

La verdadera amistad no es un mito, es una realidad y la vivimos a medida que vivimos el evangelio. Las actividades del barrio, el servicio, las visitas de maestros orientadores y maestras visitantes, el asistir al templo como barrio y el apoyar a nuestros líderes son excelentes oportunidades para entrelazar nuestros corazones en unidad y amor. La envidia, el resentimiento, el odio o la venganza son contrarios a los sentimientos puros, “... todo lo que es bueno viene de Dios, y lo que es malo viene del diablo; porque el diablo es enemigo de Dios, y lucha contra él continuamente, e invita e induce a pecar y a hacer lo que es malo sin cesar… de manera que todo aquello que invita e induce a hacer lo bueno, y a amar a Dios y a servirle, es inspirado por Dios”. - Moroni 7:12-13.

En los miembros de la Iglesia la verdadera amistad no debe ser un mito o una ilusión, debe ser una realidad que se vive a diario. Después de todo, hemos hecho convenios con el Señor de amarlo y seguir sus mandamientos.

En su ministerio terrenal Cristo les dio a sus discípulos el mandamiento de amarse, “En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tenéis amor los unos por los otros”. - Juan 13:35.