Saltar navegador principal
Por Élder Luis Chaverri, Setenta de Área

El ir al Templo y hacer Historia Familiar puede convertirse en una tradición especial

imagen

“Por tanto, debéis seguir adelante con firmeza en Cristo, teniendo un fulgor perfecto de esperanza y amor por Dios y por todos los hombres.”

2 Nefi 31:20

Tengo cinco hermosas hijas, las cuales amo con todo mi corazón. Tres de ellas ya han tenido la bendición de entrar al Santo Templo al cumplir sus doce años. Su madre ha inculcado en cada una de ellas su amor por nuestros antepasados, llegándolos a conocer, a amar, a recordar y sentir como parte primordial de sus raíces y su existencia misma.   

Como una hermosa tradición familiar cada una de ellas ha esperado con ansias cumplir sus doce años de edad. He sentido emoción y gratitud al Señor por ver en ellas el gran amor por sus antepasados. He visto lágrimas en sus ojos al bautizarse a favor de una tía abuela a quien amaban y conocieron, entendiendo que necesitaba de ellas para poder recibir las ordenanzas salvadoras, empezando por el bautismo. Cada una al cumplir sus doce años, más que un pastel, más que un día especial de cumpleaños, más que tener doce para entrar a las Mujeres Jóvenes o sentirse más grandes, anhelaron en su corazón ir en familia al Santo Templo, la Casa del Señor. Llevar los nombres de sus antepasados a quienes habían buscado con dedicación y poder acercarse a ellos para servirles, con la esperanza de que algún día aceptaran el evangelio y tuvieran la promesa de la Vida Eterna. Sé sin duda que, si siguen haciendo esta obra, serán protegidas en su juventud y durante toda su vida.

Recuerdo que mi segunda hija, quien ahora tiene dieciséis años, días antes de su doceavo cumpleaños me dijo: “Papá yo quiero tener mi propia tradición personal al ir al templo. Pronto cumpliré mis doce años y voy a llevar doce nombres al templo, un nombre por cada año que tengo”. Y así fue, ella preparó y llevó el día de su cumpleaños sus doce nombres y fue bautizada y confirmada por ellos. Ahora además de asistir frecuentemente, cada año para su cumpleaños, tengo el privilegio de acompañarla en el bautisterio junto con el resto de mi familia; y veo como ella cumple su meta personal y ahora familiar. Cumplió trece años y llevó trece nombres, sus catorce, sus quince y dieciséis y sigue llevando igual número de nombres al templo, “uno por cada año que cumple”, como una muestra de gratitud y amor por Dios y nuestros antepasados.

El élder Neil L. Andersen dijo: “Así es como llegamos a ser salvadores en el Monte de Sion. Hay gozo y satisfacción que solo se comprenden mediante sentimientos espirituales, estamos unidos a ellos para siempre”.  Además nos prometió: “Aumentará su conocimiento y fe en el Salvador y recibirán un testimonio más certero de que la vida continúa más allá del velo”. (“Mis días” de templos y tecnología, Liahona, febrero de 2015). Al igual que el élder Andersen, sé esto sin ninguna duda.

Del libro de Mormón aprendemos: “Por tanto, debéis seguir adelante con firmeza en Cristo, teniendo un fulgor perfecto de esperanza y amor por Dios y por todos los hombres…” (2 Nefi 31:20).  Sigamos la invitación del Señor de amar a Dios y a todos los hombres vivos o muertos. Siendo fácil recordar a los que están a nuestro lado y a veces difícil pero necesario a aquellos que ya no están con nosotros y necesitan de nuestra ayuda, tiempo, dedicación, constancia, amor y dignidad para llevar sus nombres a la Casa del Señor.

Hermanos y hermanas, hagan de la historia familiar una hermosa tradición. Que el ir al Templo, tan frecuentemente como puedan y amar a sus seres queridos que ya no están y recordarlos sea parte de su vida. Que cada minuto, cada esfuerzo que dediquen al buscar sus nombres y preparar las tarjetas, se vean reflejados como protección y bendiciones muy especiales en su vida y en la de su familia.  En el nombre de Jesucristo, nuestro Salvador y Redentor, amén.