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Por Diego Hernández

Mi decisión más importante

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“Recordad que el valor de las almas es grande a la vista de Dios”

D. y C. 18:10

Mi nombre es Diego Hernández, durante toda mi vida he sido miembro de la Iglesia y, como todos los que hemos sido miembros desde pequeños, sabemos que la misión es algo de lo que se nos enseña desde una muy temprana edad. Mis padres de igual forma siempre me decían que yo debía servir una misión, especialmente mi madre. Por la corta edad que tenía yo siempre decía que sí sin pensarlo.  

Cuando entré a los Hombres Jóvenes y me hacían la pregunta si quería servir una misión yo siempre decía que sí, pero en realidad no sentía un gran deseo. Comencé a verlo más como un compromiso. Sabía que mi mamá se sentiría muy mal si no lo hacía y me sentía obligado a decir que sí por ser miembro desde pequeño.

Mi gran sueño, mi meta y la visión que yo tenía en mi vida era convertirme en un jugador profesional de fútbol. Siempre confié en mis capacidades y mi padre me apoyaba mucho ya que él también deseaba que yo fuera un jugador. Tuve varias oportunidades de jugar en las categorías menores de varios equipos importantes de Honduras pero ni mi padre ni yo queríamos, porque yo quería jugar fuera de mi país. Ya que tenía ese deseo, comencé a buscar en internet equipos en España y al conseguir contactos de algunos entrenadores, les enviaba vídeos míos jugando. Se me presentó una oportunidad y mi padre me mandó donde un amigo que tiene en España. Llegué a España y comencé a entrenar con el equipo pero no me conformé y seguí buscando oportunidad con otros equipos. A pesar de toda esta ilusión de jugar nunca me alejé de la Iglesia pero no me sentía muy interesado en servir una misión ya que sabía que podía cumplir mi sueño.

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Encontré un equipo que se interesó mucho en mí y obviamente me sentía muy alegre y motivado. Cuando hablaba con mi mamá siempre me decía acerca de la misión y yo trataba de cambiarle el tema ya que no quería decirle que en realidad no sentía el deseo, pero yo sabía que era lo más importante. Lo único es que la ilusión de poder jugar sobrepasaba todo en ese momento. Seguía entrenando con el equipo y cada día me decían que querían que me quedara y el entrenador hablaba conmigo para que jugara con ellos, pero llegó el día en el que tenía que volver a mi país, ya que no tenía permiso para estar mucho tiempo en España, porque iba como un turista. Me despedí de mis entrenadores y compañeros de equipo pero sabía que iba a volver, ya que me estaban dando la oportunidad.  

Regresé a Honduras y desde que llegué mi mamá me estaba diciendo que iba a ir al campamento del SOY que era la semana siguiente. A pesar de que me encantó mi primer SOY, yo no quería ir otra vez ya que pensaba que iba a ser lo mismo que el anterior y me enojé con mi mamá porque sin preguntarme me apuntó en la lista de los que iban y me pagó todo. Después de tanto haberme enojado tuve que ir y desde que llegué me sentía muy incómodo, pero siempre participaba y era obediente con mis líderes. Después de todo comencé a llevarme bien con mi compañía y empecé a disfrutar del SOY. Sentí muy fuerte el espíritu en esa semana. El último día, el consejero de mi compañía nos hizo una pregunta a cada uno; él nos preguntó si nosotros nos comprometíamos con nuestro Padre Celestial a servir una misión. Cuando me hizo la pregunta, tuve un gran deseo en mi corazón de hacerlo, sin dudarlo dije que sí. Cuando llegué a mi casa lo primero que hice fue decirle a mi mamá que había tomado la decisión de servir una misión. Sabía que ella se sentiría muy feliz por eso. Días después de que por fin me decidí servir una misión, a mi papá le mandaron un mensaje donde le decían que querían que fuera a España nuevamente con un contratista que me estaba esperando solo para unas pruebas y para firmar un contrato. Nunca voy a olvidar cuando le dije que no, ya que si iba y me quedaba, yo ya no iba a poder ir a la misión. Sabía de la importancia que tenía ese compromiso que había hecho con mi Padre Celestial.

Después de esto comencé con el proceso de llenar mi carpeta misional y después de enviarla fueron cuatro largas semanas que estuve esperando muy ansiosamente. Llegó mi llamamiento y se me asignó servir en la misión Brasil, Maceió. Me presenté el día 12 de septiembre del 2017 en el CCM. Me siento muy feliz de haber tomado esta decisión y, aunque no fue fácil, tengo la certeza de que mi Padre Celestial me bendecirá y voy a poder ayudar a muchas personas que están esperando conocer la Iglesia verdadera de Jesucristo y a que se conviertan a este evangelio tan perfecto.

Como dice en D. y C. 18:10: “Recordad que el valor de las almas es grande a la vista de Dios”, yo estoy seguro de que voy a ayudar a salvar muchas almas enseñándoles acerca del evangelio y nuestro Padre Celestial se regocija en esto. Mi invitación para todos los jóvenes que tienen otros planes como prioridad sobre el servicio misional es que no permitan que estas cosas les impidan ser parte de esta obra tan importante, y también les aseguro que nuestro Padre Celestial les va a recompensar en gran manera, porque Él nos conoce, nos ama y también sabe los deseos de nuestro corazón. No tengo ninguna duda de que La Iglesia de Jesucristo De los Santos De Los Últimos Días es la única verdadera, testifico de que Dios vive al igual que su hijo Jesucristo y que, si somos obedientes a los mandamientos de nuestro Padre, vamos a ser muy bendecidos.