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Fredy Salazar

Sintió que lo que aprendió era bueno

Sintió que lo que aprendió era bueno 1

Cierto día los misioneros de tiempo completo tenían una visita ya programada, en la que tendrían una charla para enseñar el evangelio, pero no se pudo llevar a cabo. Entonces comenzaron a tocar puertas en un callejón ya entrada la noche. Tocaron puertas en más de cinco casas, pero quizás por la hora ya no les abrían.

Al final del callejón tocaron una puerta más. Para sorpresa de los misioneros en esa sí les abrieron. Esta era la casa de Dévora, Guadalupe, Karen y Allan. A las jovencitas se les enseñó el evangelio, pero Allan no quería escucharlos. Las tres hermanas se bautizaron luego de obtener un testimonio de la verdad.

Los misioneros no dándose por vencidos, preguntaron a Allan si los podía atender. Él aceptó, entonces los misioneros no queriendo perder esta oportunidad, invitaron a los jóvenes del barrio Las Rosas, en Quetzaltenango, para que visitaran a Allan. Cerca de 15 jóvenes los acompañaron y tuvieron una reunión muy especial en su casa.

Él comenzó a sentir que lo que estaba aprendiendo era bueno. El obispo y los jóvenes luego lo invitaron y ayudaron a asistir al campamento SOY.

Allan indica que fue en la reunión de testimonios cuando pudo sentir muy fuerte la presencia del Espíritu. Cuando entregaron el pin de compromiso misional, cada uno de los jóvenes miembros de la Iglesia tomaron uno, luego él se quedó pensando y dijo, “yo me quiero bautizar y también quiero comprometerme a servir una misión de tiempo completo”. Así fue como también tomó un pin. Después de él, otro joven que tampoco era miembro de la Iglesia, también tomó un pin, el que dice: “id y predicad, mi compromiso”.

Fue un momento muy especial comenta un compañero de la compañía, en realidad todos estaban muy contentos por ellos y su decisión. Posteriormente Allan fue bautizado apoyado por los misioneros, sus hermanas, los jóvenes del barrio, líderes y los miembros de su barrio.