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Mensaje de la presidencia de área

Prepárense para servir una misión

Elder Kevin R Duncan

Hablo a los jóvenes de Centroamérica y a sus padres.  Deseo que sepan del futuro que les depara su Padre Celestial. Debo decirles que amo a los misioneros que sirven actualmente y a los futuros misioneros. No hay lugar en que preferiría estar que con un grupo de misioneros – a menos que fuera con un grupo de hombres y mujeres jóvenes que se estén preparando para ser misioneros.

Los misioneros son la gente más extraordinaria del mundo. Yo no sabía esto hasta que fui llamado a presidir una misión. No estaba preparado para saber cuán maravillosos son los misioneros. Cuando arribamos a Chile y salimos del aeropuerto, había un grupo de seis gloriosos, apuestos e inteligentes jóvenes esperando para recibirnos. Ellos eran impresionantes y simpáticos. Quería decirles a todos en el aeropuerto, “¡Yo estoy con ellos! ¿No son maravillosos?”

Y como si esto fuera poco, luego fuimos a nuestra primera conferencia de zona. Al entrar en la capilla, hubo un silencio reverente mientras todos los misioneros se pusieron de pie para darnos la bienvenida. Estaba totalmente sorprendido. Fue uno de los momentos más increíbles de mi vida. Cuando me senté y vi a la hermosa audiencia, sentí que era la persona más afortunada del mundo. Los misioneros estaban radiantes. Estaban felices. Estaban llenos del espíritu, se notaba en sus rostros. Estaban atentos y comprometidos. En ese momento supe que jamás querría que nuestra misión terminara y que disfrutaría cada minuto de ella, y así lo hice.

Cada joven y cada jovencita que así lo decida de Centroamérica merece ser un misionero o una misionera. Merecen tener esa experiencia que será una de las más increíbles y maravillosas de su vida. Ustedes merecen probar el gozo que solo el servicio misional puede dar. Les prometo que atesorarán su servicio misional como una de las más grandes bendiciones de su vida. También les prometo que, si no sirven una misión, será una de las más grandes desilusiones y lamentos de su vida.

Si aún no lo han hecho, tomen la decisión de servir una misión. Jamás se arrepentirán.

Recientemente tuve una conversación con una joven amiga mía. Empezamos hablando de su familia. Ella tiene un hermano que recién regresó de la misión. Cuando empezó a hablar de su hermano, noté que ella tenía un brillo especial en sus ojos y una sonrisa en su rostro.  Ella dijo, “Élder Duncan, usted no reconocerá a mi hermano. Él es una persona completamente diferente. ¿Recuerda como era de tímido? Antes de la misión él apenas hablaba con otros. Nos sentíamos afortunados si escuchábamos salir una palabra de sus labios. Pero ahora que está en casa, no para de hablar. No creería lo mucho que ha cambiado”.

Pensé para mí mismo, “Yo sí lo creería porque cada día en el campo misional fui testigo de esta transformación.” Es sorprendente ver lo que la misión puede hacer por un joven o una jovencita y cómo puede cambiarlos tan drásticamente.

Nosotros vimos llegar a la misión misioneros de todas clases. Cada uno de ellos es maravilloso. Todos tienen diferentes talentos. Todos tienen diferentes personalidades.  Todos tienen diferentes desafíos. La misión los toma como llegan y los mejora y no solo un poquito, sino que los hace mucho mejor. Como lo describió mi amiga, cuando los misioneros regresan a casa son personas completamente diferentes.

Misioneros

Sé que una de las decisiones más importantes que he tomado fue la de servir una misión.  Esos dos años cambiaron mi vida completamente. Un misionero retornado es mejor en todos los aspectos. Un misionero retornado ha aprendido a ser independiente y sabe cuidarse a sí mismo.  Ha aprendido cómo llevarse bien con su compañero. Esta es una cualidad importante en el matrimonio. Ha aprendido a administrar el dinero sabiamente.  Ha aprendido a hablar con valor con los extraños. Ha aprendido a sobrellevar las dificultades y a manejar el rechazo sin sentirse rechazado. Él ha honrado el sacerdocio; su esposa y sus hijos saben que él puede bendecirlos cuando lo necesiten. Él ha aprendido a ponerse metas. No le tiene miedo al trabajo duro. Él será un mejor proveedor para su familia. Él sabe cómo estudiar. Es moralmente limpio y vive la palabra de sabiduría. Es feliz, entusiasta y positivo. ¿Por qué debería una jovencita desear algo menos para ella y para sus hijos?

Puedo imaginar lo que algunos de ustedes están pensando, “Élder Duncan, no estoy seguro de querer servir una misión. Algunas veces no tengo la paciencia como para estar sentado en las reuniones dominicales. No estoy seguro si me gustaría ir a la misión”. Déjenme prometerles que una misión es mucho más que estar sentados el domingo en la Iglesia. Una misión es un trabajo emocionante, con un horario ocupado y de paso acelerado. Conocen personas nuevas cada día y tienen experiencias nuevas a diario. Ustedes tienen el control. Ustedes enseñan, comparten, testifican y ayudan a las personas a descubrir cómo encontrar la verdadera felicidad. Al enseñar a las personas y ver el gozo que el mensaje trae a sus vidas, ustedes experimentarán un gozo como ningún otro. Verán que cuando enseñan el evangelio a una persona que está sufriendo o que padece dolor, el mensaje que comparten les da propósito, alivio, esperanza y ellos los amaran a ustedes por ello. Y los amaran para siempre.

Yo serví una misión en Chile cuando era joven. Veinte años más tarde llevé a mi familia a visitar a algunos de mis viejos conversos. No me había comunicado con ellos durante esos 20 años – en aquel tiempo no teníamos Facebook ni correo electrónico. Uno de los momentos más inolvidables ocurrió cuando fuimos, sin avisar, a la casa de una familia a la que yo bauticé. El padre de familia tomó su billetera y nos enseñó la foto de un joven. Al ver detenidamente la foto, descubrimos que era una foto mía cuando era misionero. Ese hombre había llevado mi foto en su billetera por 20 años. Él llevaba esa foto consigo por el amor y aprecio que tenía por el joven misionero que llevó el bello mensaje del Evangelio a su familia; un joven misionero que le había cambiado la vida para siempre. Lo mismo les sucederá a ustedes. Desarrollarán fuertes lazos de amor por aquellos a quienes enseñen y ellos los amarán para siempre.

A través de los años, he observado algunas características distintivas de los misioneros de éxito, y como deseo que cada futuro misionero sea tan exitoso como pueda, quiero darles algunas ideas de cómo pueden empezar hoy a hacer de su futura misión lo mejor que esta puede llegar a ser.

Primero que todo, empiecen ahora a desarrollar su propio testimonio. En este momento, puedo notar que algunos de ustedes sienten que aún no tienen un testimonio. Eso está bien.  Ustedes pueden obtener uno y no es muy difícil. La mejor manera que conozco para obtener un testimonio es leer el Libro de Mormón cada día. Jovencitos, sé que ustedes están pensando, “Ah, a mí no me gusta leer las Escrituras.  A veces pienso que son un poco aburridas, no me atraen”.

Las historias y experiencias en las Escrituras son historias sencillas acerca de Dios y los milagros que Él ha realizado en las vidas de Sus hijos.

Sé que el lenguaje de las Escrituras es un poco diferente y toma algún tiempo acostumbrase. Pero, traten de pensar en las Escrituras como el diario de alguien que vivió hace mucho tiempo. En realidad, eso es lo que son las Escrituras. Las historias y experiencias en las Escrituras son historias sencillas acerca de Dios y los milagros que Él ha realizado en las vidas de Sus hijos. Cuando empiecen a leer verdaderamente el Libro de Mormón y se den cuenta de que las historias son acerca de personas reales, las empezarán a apreciar de una manera diferente. Se darán cuenta de que Dios es real y que ama a Sus hijos. Todo lo que él quiere es bendecir sus vidas y ayudarlos a ser felices. Ustedes verán este tema una y otra vez en las Escrituras y empezarán a aprender a confiar en Dios más que en ustedes mismos. De repente empezarán a orar diferente. Derramarán sus corazones a Dios, no sentirán como que tienen que ser alguien que no son y pronto se darán cuenta de que Dios se convierte en su mejor amigo.

A medida que hagan esto, el Espíritu Santo será más evidente en sus vidas y les prometo que se sentirán más felices. Al desarrollar amor por el Libro de Mormón y llevar este amor al campo misional, sus investigadores sentirán lo que ustedes sienten por el Libro de mormón y querrán leerlo porque ustedes lo aman. El Libro de Mormón se ha catalogado como uno de los más grandes instrumentos de la obra misional para la conversión. Y es verdad. El primer y mayor converso de su misión deben ser ustedes. Ustedes se convertirán por medio de la lectura del Libro de Mormón.

Así es que mi primera sugerencia es que lean las Escrituras diariamente.

¿Qué más? Desarrollen el hábito de orar a diario. En sus oraciones no repitan las mismas frases gastadas. Dios es su Padre. Él los conoce por nombre. Háblenle. Háblenle como si estuviera en el mismo cuarto con ustedes. Díganle cómo se sienten. Si tienen desafíos o preocupaciones específicas, cuéntenselas. Si tienen tentaciones, y todos las tenemos, pídanle fortaleza para resistirlas. Si se sienten felices, compartan su felicidad con Él.  Díganle por qué están agradecidos. Pídanle Su ayuda, y verán cómo responde sus oraciones. Dios dejará de ser la persona de la que aprenden en la Iglesia. Él se convertirá en la influencia más importante de sus vidas. Pronto empezarán a sentir la necesidad de orar y tener este tiempo especial solos con su Padre, lo necesitarán tanto como el agua y la comida. Así es como yo me siento. Me encanta orar.

¿Qué más? Aprendan a tener una actitud positiva. Los buenos misioneros se rehúsan a desalentarse, y créanme, hay muchas razones para desalentarse en la obra misional, si ustedes lo permiten. Pero los buenos misioneros no lo permiten. Tal vez se sientan decepcionados de vez en cuando pero nunca desanimados.

Familiarícense con Predicad Mi Evangelio, especialmente con la Doctrina de Cristo.

Ahorren para su misión. Quizá no tengan mucho, contribuyan con lo que tengan para su propio fondo misional. Si se sacrifican disfrutarán más su experiencia.

Quisiera que ustedes pudieran ver lo que yo he visto cuando un joven o una jovencita termina su misión. Regularmente hay muchas lágrimas. Muchos misioneros no quieren regresar a casa. Vivir en el campo misional es un poquito como vivir en el cielo y por eso es un poquito difícil regresar a la tierra cuando la misión termina.

Decidan hoy que servirán una misión y no dejen nunca que nada los distraiga de esa meta.  Permanezcan dignos, prepárense y sirvan. Será una de las decisiones más importantes que tomarán en su vida porque ella influenciará el resto de sus vidas. De esto testifico en el nombre de Jesucristo, amén.