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Por Rixela Landero de Cabrera

Michelle y el SOY 2017

Cuando comenzó el programa SOY en Panamá, escuché comentarios de otros padres entusiasmados de cómo habían regresado sus hijos al participar del programa.  Quedé con el deseo de que mi hija Crystal pudiera también participar.

Finalmente llegó el momento en que Crystal pudiera participar del SOY; esperé emocionada su regreso, no sé cómo ocurre, pero la joven que regresó era increíblemente mejor.  Hoy esa jovencita cumple una misión de tiempo completo, en República Dominicana Oeste. En el SOY del 2016, tomó la decisión de servir al Señor.

Con esta experiencia con mi hija mayor, esperaba ansiosa que llegara el tiempo para que mi hija menor participara del SOY, y felizmente llegó la fecha, enero 2017.  Michelle, “mi pequeña niña”, estaba muy nerviosa la noche antes de partir, me preguntó: “Mami, ¿tú crees que haré amigos en el SOY? Le respondí: “no, no lo creo, estoy segura”.

Nosotros, sus padres, deseábamos que Michelle participara en el programa porque era increíblemente tímida e insegura; no tenía muchos amigos en la Iglesia, no le gustaba participar en las actividades de la Mujeres Jóvenes, trabajaba en Mi Progreso Personal por obligación. Nos preocupaba su apego al celular y así se lo hacíamos saber.

Al regresar Michelle del SOY, mi testimonio se fortaleció con respecto a este programa.  Nunca antes había escuchado de labios de una joven de 16 años, un testimonio como el que ella compartió conmigo ese día. Me habló del privilegio que es y de las experiencias que disfrutó.  Le pedí que escribiera ese maravilloso testimonio.

Hoy quiero compartirlo con ustedes:

“Mi experiencia en el SOY me hizo ver las cosas más claramente. Conocí a las mejores personas en el mundo y de ellas aprendí mucho, así es que ahora esas 17 personas tienen un lugar especial en mi corazón.  Me hizo identificar mis “fundas de hacha”. Me ayudó a tener un mejor estudio personal del evangelio y sentir el Espíritu haciéndolo, ponerme metas y cumplirlas y en general me hizo darme cuenta de las cosas que hacía mal.

“La noche del jueves 12 de enero, era de compartir el testimonio y testifico de lo que sentí, a medida que escuchaba a esas maravillosas personas, y al recordar todo lo que había vivido en el SOY hasta ese momento, sentí algo cálido en mi pecho que me testificaba que este Evangelio es verdadero. Ahora sé con certeza que este Evangelio cambia vidas para bien, dándoles una felicidad que no hallarán en el mundo, que estamos aquí con un propósito y que tenemos un potencial eterno que debemos esforzarnos por alcanzar.  Doy gracias al Padre por haber enviado a Jesucristo a efectuar la Expiación, para que podamos arrepentirnos de cualquier falta y por su infinito amor. Nunca estamos tan lejos donde el amor de Cristo no llegue. Que soy de gran valor, más que el de las piedras preciosas, que el Padre espera que descubra mis dones y talentos.  Doy gracias al SOY porque fue la respuesta a mis múltiples preguntas.  Ahora lo sé, lo vivo y me encanta”.

Ahora Michelle, dirige los himnos en la reunión sacramental, junto a otras jóvenes del barrio. Empieza a sentir el deseo de servir una misión de tiempo completo. Sale a hacer visitas con las misioneras del barrio. Refirió a uno de sus amigos de la escuela y él aceptó ser enseñado por las misioneras. Lee las escrituras cada noche y está trabajando en Mi Progreso Personal, porque así lo desea, y no por obligación.

¿Podrían unos padres soñar con hijos así?, por supuesto que es posible. Solo envíenlos al SOY.

Michelle