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Por Roberto Cajas Estrada

Mi Viaje al Templo

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'Durante todo el viaje hablamos de lo maravilloso del templo y que seríamos familias eternas'

Roberto Cajas Estrada

Me bauticé en junio de 1980 y los misioneros que me enseñaron me explicaron que tendría la bendición de ser sellado con mi familia en un templo. Mi esposa tenía 21 años y yo 23. Los élderes Flores de Honduras y Gillespie de Estados Unidos, fueron los misioneros que me enseñaron. Recibí la entrevista de los líderes de la Iglesia y me pusieron metas. La preparación fue de un año y el viaje estaba programado para diciembre de 1981. No tenía un trabajo que me permitiera cubrir todos los gastos del viaje, y me explicaron que un bus nos llevaría a la frontera con México y que luego tomaríamos otro bus para llegar al Templo de Mesa Arizona. Un viaje de cinco días y cuatro noches.

Viajé con mi esposa, nuestra niña de tres años (Melanie) y nuestro pequeño de seis meses (Randal).  No teníamos el dinero suficiente para pagar otro asiento en el bus, así que mi esposa llevaba en brazos al hijo y yo llevaba a la hija en mis piernas.  Fue un viaje muy sacrificado. Durante el recorrido se dieron muchos accidentes que pensamos por un momento regresar a Guatemala. Para lograr hacer el viaje, tuvimos que vender algunas cosas personales, una plancha de ropa, licuadora, y otras pertenencias para lograr pagar los boletos del bus. Había pedido un anticipo de mi salario e hice préstamos con otras personas para pagar los alimentos durante el viaje.

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El bus salió de la estaca Guatemala, de zona 9 hacia la frontera con México a las 12 de la noche y llegamos a las 6 de la mañana. El bus que nos llevaría a Estados Unidos tuvo un retraso de 12 horas, todos los miembros, adultos, niños, jóvenes tuvimos que esperar en la frontera, con mucho calor, hambre y con muchos desafíos. Cuando llegamos a la Ciudad de México, un niño que estaba jugando en la grada del autobús se lastimó y tuvimos la necesidad de llevarlo a un hospital para que le pusieran puntos en la cara, perdimos más de 3 horas en este percance. Más adelante, un hermano sufrió un infarto, varios poseedores del sacerdocio lo ungieron y logró recuperarse. Una hermana con mucha insistencia pidió que se abriera el lugar donde iban las maletas y por un descuido no cerraron bien las puertas y muchas maletas se perdieron en la carretera, regresamos varios kilómetros a buscarlas, sin ningún resultado positivo. Tuvimos problemas en México porque había un paro de transporte y no estaban vendiendo combustible para el bus y quedamos varados en la frontera de México y Estados Unidos. Estaba haciendo mucho frío y nos quedamos durmiendo en el bus, hasta el otro día que empezaron a vender el combustible. 

El presidente de la estaca, Gilberto Laparra, pidió a los miembros que bajáramos del bus y buscáramos un lugar dónde pudiéramos orar para pedir al Señor protección para llegar al templo. Finalmente llegamos al Templo de Mesa Arizona. Con mucha felicidad y entusiasmo los obreros del templo eran como nuestros ángeles, fue algo increíble, no lo podíamos creer, por fin seriamos sellados como familia en un Templo del Señor.  Lo hermoso fue ver a nuestros hijos vestidos de blanco rodeando el altar. Esa imagen nunca se me ha olvidado, familias selladas por tiempo y por toda la eternidad.

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Nuestro regreso a Guatemala

Durante todo el viaje hablamos de lo maravilloso del templo y que seríamos familias eternas. Al llegar a nuestro hogar tuvimos muchas experiencias de fe y desafíos. No teníamos dinero para la comida y otros gastos personales, todo nuestro dinero había sido invertido en el viaje. Pero fuimos obedientes a nuestros líderes y teníamos nuestro almacenamiento familiar, teníamos comida guardada, leche para los niños, frijol empacado y otros alimentos que nos permitieron comer durante un mes, para cuando yo recibiera mi próximo salario. El ser sellado con mi esposa y mis hijos fue algo maravilloso en mi vida, una perspectiva diferente de la vida y la eternidad. Tengo un testimonio de las familias eternas y de los sacrificios que debemos hacer.

Mi vida ahora es diferente, las decisiones que uno debe tomar son importantes para nuestras vidas en la tierra y en la eternidad. Después de esta maravillosa experiencia, el Señor me preparó para servir, he sido un obispo en la Iglesia, también fui presidente de una estaca en Guatemala, serví como presidente de misión en El Salvador, San Salvador.  He sido sellador en el Templo de Guatemala. Mis cuatro hijos sirvieron misiones y los cuatro fueron sellados en un templo del Señor. Tuve la bendición de sellarlos. Y ahora gozo de tener nueve nietos. Jesucristo es nuestro Salvador, Él es nuestro guía. José Smith es un profeta de Dios, el Libro de Mormón cambia vidas. El presidente actual de la Iglesia es quien tiene las llaves para dirigirnos.