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Por Lourdes Gómez Moreno

El poder de la fe, la oración, del ayuno y las bendiciones del sacerdocio

Poco antes de ser bautizada en la Iglesia, aprendí que la oración es la forma más eficaz para comunicarme con mi Padre Celestial, porque Él me conoce por nombre, conoce mis fortalezas y debilidades y, sobre todo, porque es un Padre amoroso que desea bendecirme.

Según la Guía para el Estudio de las Escrituras (GEE) define que la oración es la comunicación con Dios durante la cual la persona da gracias y pide bendiciones. La oración se dirige a nuestro Padre Celestial en el nombre de Jesucristo y puede hacerse en voz alta o en silencio. La finalidad de la oración no es cambiar la voluntad de Dios, sino obtener para nosotros y para otras personas las bendiciones que Dios esté dispuesto a otorgarnos, pero que debemos solicitar a fin de recibirlas.

Han transcurrido treinta y ocho años desde mi bautismo, he vivido innumerables milagros como resultado de oraciones sinceras. Los milagros más valiosos en mi vida han sido mis hijos. Durante una entrevista con el presidente de estaca le expliqué que no había ninguna razón física que me impidiera tener hijos. Luego al finalizar la entrevista, el presidente expresó su deseo de darme una bendición, también me habló de la oración y el ayuno. Al año siguiente pude tener en mis brazos a mi primer hijo. Pasaron cuatro años, después de muchas oraciones, ayunos y una bendición del sacerdocio y nació el segundo. 

Comparto esta experiencia tan sagrada, porque sé de la importancia de alimentar nuestra fe, recurrir al Señor humildemente en oración y recibiremos lo que es mejor para nosotros. A veces no recibimos lo que pedimos, recibimos algo mejor.

El poder de la fe

En Alma 34 encontramos:

19 Sí, humillaos y persistid en la oración a él.

20 Clamad a él cuando estéis en vuestros campos, sí, por todos vuestros rebaños.

21 Clamad a él en vuestras casas, sí, por todos los de vuestra casa, tanto por la mañana, como al mediodía y al atardecer.

22 Sí, clamad a él contra el poder de vuestros enemigos.

23 Sí, clamad a él contra el diablo, que es el enemigo de toda rectitud.

24 Clamad a él por las cosechas de vuestros campos, a fin de que prosperéis en ellas.

25 Clamad por los rebaños de vuestros campos para que aumenten.

26 Mas esto no es todo; debéis derramar vuestra alma en vuestros aposentos, en vuestros sitios secretos y en vuestros yermos.

27 Sí, y cuando no estéis clamando al Señor, dejad que rebosen vuestros corazones, entregados continuamente en oración a él por vuestro bienestar, así como por el bienestar de los que os rodean.

Cuando las pruebas o problemas de cualquier naturaleza han llegado a mi vida, los he podido enfrentar por medio de la fe en Jesucristo, la oración y el ayuno, en realidad, es la única manera de poder resolverlos.