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El ayuno de Marjorie Elena

El presidente Joseph F. Smith enseñó a los padres que 'nuestros hijos llegarán a ser lo que nosotros hagamos de ellos' (Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia, Joseph F. Smith, Capítulo 33, “Los hijos: La alegría terrenal más grande”), que el pequeñito comienza a aprender después de nacer y gran parte de lo que sabe depende en gran medida del ambiente, de las influencias en las cuales se cría, de la bondad con la que se trata, de los ejemplos dignos que se le dan y de las sagradas influencias o de las que no lo son del padre y la madre. Por lo que llegará a ser principalmente el producto de su ambiente y de lo que sus padres y maestros hagan de Él.

Me gustaría compartir una experiencia muy especial en mi vida sobre la ley del ayuno. Cada primer sábado del mes mi familia tiene la costumbre de hablar en consejo familiar sobre los propósitos por los cuales ayunarán. Cuando mi hija Marjorie Elena de solo cinco años de edad, escuchó los propósitos, dijo que tenía deseos de ayunar. Al preguntarle por qué, respondió: “Para que mi papito y la familia logren sus propósitos”. Y siguiendo el ejemplo de sus padres y hermanos ayunó con el resto de la familia. A partir de entonces ella siempre ha ayunado cada primer domingo de mes. 

Su entusiasmo y diligencia de obedecer este mandamiento del Señor, a pesar de su corta edad, nos ha traído una alegría muy grande al ver su obediencia y deseo de hacer la voluntad de nuestro Padre Celestial. Es un enorme ejemplo de fe al ser una hija tan pequeña con un gran deseo de obedecer los mandamientos. El Señor nos enseñó: 'Instruye al niño en su camino y aun cuando fuere viejo no se apartará de él ' (Proverbios 22:6). Esa escritura me recuerda la importancia de enseñar buenos principios a mis hijos no solo por el precepto sino que también por el ejemplo.

Somos una familia que testificamos del poder que trae a nuestras vidas el obedecer la ley del ayuno. Ahora, tiempo después, testificamos haber logrado los propósitos, y este testimonio nos ayuda a que cada domingo nos esforcemos en renovar los convenios al tomar la Santa Cena y magnificar nuestros llamamientos. “Yo, el Señor estoy obligado cuando hacéis lo que os digo; más cuando no hacéis lo que os digo, ninguna promesa tenéis” (D. y C. 82:10).

El ayuno de Marjorie Elena