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Por Miguel Garrido

Del diario de un misionero retornado

Del diario

Tu historia, Miguel, puede ser de inspiración para muchos.  Porque, y esto es lo que me llama la atención, hiciste la secundaria en un colegio católico, de sacerdotes Salesianos, y a pesar de que tenías que ir a misa siendo un jovencito, mantuviste tu testimonio de la veracidad del Evangelio restaurado. “Sí, fue fuerte porque ir a misa era una materia e incluso tuve que ayudar al sacerdote a ofrecer misa, o sea que me convertí en monaguillo. Después de regresar de mi misión en1988, la única universidad abierta era la USMA (Universidad Santa María la Antigua), su nombre lo dice todo es, católica.  La única “C” como nota era en religión y no solo era C, era C menos, debido a que yo le rebatía todos los argumentos al profesor de religión”.

Podrías compartir ¿cómo es que llegaste a tener el testimonio de la misión profética de José Smith? “Te diré…. En un día de preparación mientras me encontraba en mi primera área de la misión, tenía que hablar sobre José Smith. Sentía un poco de desazón por mis dudas en cuanto a ese tema.   Llegó un momento en que sentí la necesidad de separarme a unos pocos metros de mi compañero, así lo hice; me senté en una piedra y abrí mi corazón al Padre Celestial. No me di cuenta cuando mis ojos se anegaban de lágrimas, las cuales me salían sin control; supliqué a mi Padre Celestial que me hablara.

“En ese momento le pedí que, a través de sus escrituras, me hiciera saber con certeza que José Smith fue un profeta de Dios, porque de no ser así, le pediría a mi presidente de misión que me devolviera a casa.  Metí mi dedo índice en la triple y se abrió sorprendente en D. y C. 135, el versículo tres dice: ´José Smith, el profeta y vidente del Señor, ha hecho más por la salvación del hombre en este mundo, que cualquier otro que ha vivido en el…´, fue tan impactante para mí que seguí llorando, porque el Espíritu Santo había testificado a todo mi ser, tanto que todavía guardo ese sentimiento en mi corazón y cuando lo recuerdo me hace seguir llorando”.

“Otra experiencia que me hizo madurar de una manera vertiginosa fue con una familia muy, muy pobre. Teníamos una charla con una familia, pero como no se encontraban y llovía copiosamente, decidimos esperarlos debajo de un techito que casi no nos protegía. Fue cuando conocimos a esta otra familia. Nos dijeron que la familia que esperábamos no estaban en casa, y nos invitaron a la suya. Su casa había sido construida con materiales de desecho, tenía goteras por todas partes y por el medio de ella pasaba una corriente de agua.   Quisieron repartir con nosotros lo único que tenían para comer, pan con agua. Habían trabajado todo el día para comprarlo y con grandes sonrisas nos estaban dando ese pan con tanto amor. No pude aceptarlo, tenía un nudo en la garganta, tan pobres y tan generosos. Tanta humildad tocó mi corazón y me hizo recordar las pataletas que le hacía a mi madre cuando no me compraba zapatillas de marca, pantalones de marca y otras cosas. ¿Cómo podemos gastar tanto en unas zapatillas solo por la marca?, y ¿cómo puede vivir gente en este mundo con tan poco? En ese momento aprendí humildad, amor, compasión y caridad, cosas que me han acompañado a lo largo de mi vida y de mis llamamientos”.

Misioneros enseñando a la familia

Hablando de llamamientos, ¿recuerdas cómo fueron?   “Si fue sorprendente, cuando regresé a Panamá, mi presidente de estaca me relevó de misionero e inmediatamente me extendió el llamamiento como secretario ejecutivo de la estaca. Después de eso me llamaron como secretario del representante regional, así le siguió el llamamiento de obispo, consejero de misión y presidente de estaca y ahora con mi esposa Marlene Tong, como asesores de historia del país. He sido grandemente bendecido con cada uno de ellos”.

Con respecto a tu misión, ¿nos puedes compartir algún milagro? “En 1987, (Misión Costa Rica San José) una mañana mi compañero y yo vimos un sobre que había pasado por debajo de la puerta de nuestro cuarto, decía ´para los misioneros´, se trataba de una referencia.  Ese mismo día fuimos en busca de esa dirección. Encontramos a una familia; el esposo jugaba con sus tres hijos pequeños en la sala de la casa, mientras la mamá trajinaba en la cocina.  Les preguntamos si nos permitían compartir un mensaje con ellos. Los padres se miraron, después de unos segundos de silencio, la madre accedió.

“Al final de la charla, nos preparamos para hacer la oración. Vino a mi mente el recuerdo de cuando en casa mi abuelo tomaba de la mano a mi abuela cada noche, en la oración familiar.  Sentí la impresión de pedirle al esposo que se acercara a su esposa y la tomara de la mano, le expliqué que así lo hacían mis abuelos. El esposo un poco indeciso se acercó a su esposa.  El tomarse de la mano se convirtió en todo un desafío, pues la esposa esquivaba tomar la mano de su esposo, quien intentaba con delicadeza tomarla de la mano.  Al final ambas manos entrelazaron sus dedos y pudimos hacer la oración.

“Después de ese día pudimos visitarlos con regularidad de acuerdo con las citas que acordábamos con ellos. Lo lindo es que toda la familia fue varias veces a la capilla, hasta poner fecha para el bautismo.  Al terminar la reunión bautismal, mi compañero y yo estábamos recogiendo todo y alistándonos para salir, cuando se nos acercó la familia recién bautizada y confirmada. La hermana fue la primera en hablar, nos querían decir que el primer día que llegamos a su casa, el papá estaba de casualidad visitando a sus hijos, pues tenían cuatro meses de estar separados. Nos comentaron que en el transcurso de las charlas ellos habían hablado de su situación, arreglaron sus diferencias y él había regresado a casa.  Mi compañero y yo no pudimos contener las lágrimas, ¡habíamos sido parte de un hermoso milagro! En ese momento entendimos por qué no querían tomarse de la mano aquella primera vez. 

“Deseo enviar mi testimonio a la juventud de la Iglesia, como misionero retornado me siento emocionado al decir esto con el corazón en mis manos:  Mi querido joven, la misión es un privilegio para los que son llamados por Jesucristo a través del profeta viviente, no es un derecho, tu no lo escoges a Él. ¡Él te llama y te envía al lugar en donde te necesita!  Escoge tú, ser obediente a los mandamientos y a las normas de la misión, te salvarán de no caer en la esclavitud espiritual, mental y emocional.  Tu oportunidad de servir como misionero es sagrada, cuídala como quien cuida su propia vida.

“La preparación espiritual es tan importante como la física, gana tu propio testimonio de la veracidad de José Smith como profeta, de la Primera Visión y El Libro de Mormón, de esta manera podrás compartir un testimonio con poder y fuerza. “Vas a salir a servir a tu Señor, ya tus decisiones no son para escoger entre lo bueno y lo malo, ya pasaste a otro nivel; entre lo mejor y lo excelente; entre lo excelente y lo maravilloso; entre lo maravilloso y lo extraordinario; entre lo extraordinario y lo sublime.  Y cuando alcances esos niveles de decisión no será una opción volver atrás. 

“Aprende a amar a quienes sirves, el trayecto por esta vida es servir, servir y servir.  Y si aún no lo visualizas, solamente échale una mirada a la vida de nuestro Salvador Jesucristo.  Aprende esto: ¡Él sirvió, yo serviré!