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Por familia Sierra Ocampo

Creemos firmemente que la autosuficiencia comienza con nuestro deseo

Creemos firmemente que la autosuficiencia comienza con nuestro deseo

En la Iglesia hemos aprendido que “la autosuficiencia es la capacidad y el compromiso de proveer las necesidades del diario vivir para uno mismo y para la familia y el esforzarse por hacerlo” (El proveer conforme a la manera del Señor). Nos gusta mucho esa definición porque incluye un estado (capacidad), pero también una meta o un deseo (compromiso, esforzarse). Alma enseñó a Zeezrom y a toda la gente de Ammoníah que no solo nuestros actos nos condenarán, sino aún nuestros pensamientos (Alma 12:14). De manera que en nuestra familia creemos firmemente que la autosuficiencia comienza con nuestro deseo de ser autosuficientes, y que, aunque es posible que trabajemos mucho y no tengamos toda la prosperidad que quisiéramos, la prosperidad casi nunca llega si no la buscamos y trabajamos por ella.

Mamá (Gina) es un buen ejemplo de autosuficiencia: siempre está aprendiendo cosas nuevas. Ella estudió música y enseña clases de piano, así que cuando conoce a alguien que sabe bordar, hacer manualidades, cuidar animales, o que tienen otros talentos que ella misma quisiera tener y desarrollar, se ponen de acuerdo para “intercambiar talentos”, es decir, clases de piano a cambio de adquirir ese nuevo talento o habilidad. También le gusta hacer las cosas por ella misma: si ella puede hacer un regalo, prefiere no comprarlo; siempre dice que dar de lo que uno mismo hace demuestra amor e interés.

Nuestros hijos están tratando de ser autosuficientes también “por medio de cosas pequeñas y sencillas” (Alma 37:6). Hemos tratado de dar asignaciones o trabajos diarios en casa, ellos asumen la responsabilidad por los errores o descuidos de la escuela, entienden que deben arreglar lo que se desarregla, primero deben hacer sus deberes y luego viene la diversión, y por supuesto saben que deben pagar diezmo de todo ingreso que tienen. También tenemos un programa de incentivos para ganar cosas que quieren pero que no son necesidades básicas, por ejemplo, ganar una entrada al cine si obtienen buenas notas, o conseguir un par de zapatos si terminan tres metas del Progreso Personal. No siempre hay dinero suficiente para conseguir un premio, pero les queda la satisfacción de que lo que tienen es producto del esfuerzo de ellos o de sus padres.

Damos testimonio de las bendiciones asociadas con la ley del diezmo y de las ofrendas. Hemos visto un cumplimiento casi literal de la promesa del Señor de “reprender al devorador” (Malaquías 3:11). Muchas veces Él ha reprendido por nuestra familia a “devoradores” tales como enfermedades, desempleo, la inseguridad y la delincuencia, la depresión o el desánimo, el hambre, plagas de insectos, y aun la falta de ideas para salir adelante. Sabemos que la voluntad del Señor para Su pueblo es que tengan éxito y que sean prósperos. Testificamos que Cristo vino para “soltar las ligaduras de la muerte que sujetan a su pueblo” porque “según la carne [sabe] cómo socorrer a los de su pueblo, de acuerdo con las debilidades de ellos” (Alma 7:12), y que Él nos ayudará a ser y permanecer autosuficientes si nosotros tenemos el deseo de lograrlo, porque “él nunca da mandamientos a los hijos de los hombres sin prepararles una vía para que cumplan lo que les ha mandado” (1 Nefi 3:7).