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Por María Morales Escobar

Cómo entrevisté al Presidente Gordon B. Hinckley en 1997

Entrevista

“Nosotros creemos profundamente en Jesucristo, Él es la figura central de nuestra vida, religión e Iglesia. Él es el Salvador nuestro y del mundo”

Presidente Gordon B. Hinckley

Erwin Larios, era un joven ex misionero que trabajaba en mi oficina de Comunicación Social, y un día me contó que el Consejo de Asuntos Públicos para Guatemala, con el cual él colaboraba, necesitaba contactar a un medio de comunicación importante para una entrevista exclusiva con el presidente Gordon B. Hinckley, quien en breve finalizaría en nuestro país, su visita a Centroamérica. Y que les había referido mi nombre para efectuar dicho enlace. Pero un requisito era que previo a la cita con el profeta Hinckley, el periodista asignado fuera entrevistado por el presidente de Área, o sea el élder William R. Bradford.  El director del diario Prensa Libre, prometió amablemente enviar a un reportero, cuyo nombre se nos indicaría días antes del evento.

Había gran expectativa y felicidad por la visita del presidente Hinckley, estábamos a mediados de enero de 1997, cuando empezó la cuenta regresiva para llegar al día 24 en que podríamos estrechar su mano; pero, a pesar de que me arrodillaba a suplicar que se me informara sobre el nombre del periodista que realizaría la entrevista, seguía recibiendo la misma respuesta de mi colega y amigo: “No tengas pena, el periodista va a estar allí. Todavía no he decidido a quien enviar, pero va a llegar, no te preocupes”. Como parte de mis esfuerzos había invitado a la distinguida periodista Atala Valenzuela, encargada de la sección Social de Prensa Libre, para realizar la entrevista, siendo su respuesta que por estar sumamente ocupada no podría asistir, pero me dijo: “Haga usted la entrevista y yo se la publico”.

Mientras aumentaba mi tensión, no perdía la esperanza de que talvez más tarde o al día siguiente recibiría la respuesta e informaría al Consejo. Y “esa paz que sobrepasa todo entendimiento” me embargaba, de tal modo que sin proponérmelo, tomaba un tiempo para hacer cosas sin pensar, como actualizar mi equipo de trabajo periodístico: Fui y me compré una grabadora de reportero, revisé bien mi cámara fotográfica profesional y me aseguré de la existencia de rollos o película; llevé un vestido bonito a la lavandería, y no sé que otros detalles formaron parte de los preparativos. Los hermanos del Consejo decidieron ir personalmente a Prensa Libre cuando faltaban dos días para la cita, pero no fue posible ver al director.

Hinckley

Por lo que el nombre seguía siendo una incógnita, la tarde anterior, Sarita de Molina que era parte de quienes encabezaban el Consejo de Asuntos Públicos, me llamó y me dijo: “Si no llega el reportero, usted hará la entrevista”. No pensé ni sentí nada, yo no dudaba de la palabra empeñada por el representante del medio de comunicación.

A la mañana siguiente, antes de salir de mi oficina, pedí una bendición del Sacerdocio y, entre otras cosas, fui bendecida para “disfrutar de esa entrevista a lo largo de toda mi vida”. Redacté 10 preguntas rápidamente, y me fui, portando mis accesorios reporteriles. Entré al Hotel Camino Real y Sarita de Molina llegó de inmediato a mi encuentro y me preguntó: “¿Es usted María Morales?”. Contesté que sí y ella me informó que el reportero no había llegado y que debía hacerme cargo de la entrevista.

Subimos juntas al segundo nivel, era un salón pequeño, elegante y sobrio, muy acogedor. Me presentaron de inmediato con élder Bradford, platicamos de forma tan amena que no me di cuenta de que me estaba entrevistando. Le mostré la hoja de papel con las preguntas que había preparado. Le parecieron bien, y… en ese instante entró el presidente Hinckley con su esposa Marjorie y su hija, quien les acompañó en todo ese viaje. Con ellos iban varias autoridades generales como el élder Russell M. Nelson. Ya se encontraban en el salón, además de la hermana de Molina, los hermanos Luis Álvarez y Mario Salazar, quien me apoyó con la traducción, todos de Asuntos Públicos.

Fue el presidente Bradford quien me presentó al profeta e inició la conversación, traduciendo él esta primera parte. Saludé al presidente y al escuchar que yo tenía un hijo en la misión, levantó la mirada un instante y luego con mucha alegría y énfasis dijo: “¡Es cierto, lo vimos y está muy bien, trabajando duro!” Ciertamente mi hijo estaba sirviendo una misión en El Salvador y pudo asistir con todos sus compañeros a una conferencia presidida por el profeta Hinckley, poniéndose de pie para responder una pregunta. Maravillosamente, el presidente supo que aquel joven misionero que había visto días atrás, era el hijo de esta hermana que ahora estaba frente a él. De ello me enteré posteriormente al escribirnos con mi muchacho. Fue algo muy especial.

Le informé al presidente que lo entrevistaría como si yo no fuera miembro de la Iglesia, porque haría preguntas cuyas respuestas eran las que muchas personas esperaban escuchar. Él respondió “No se preocupe, yo sé que usted primero es miembro de la Iglesia, y después periodista”.

Hinckley

¿Cómo describir a un profeta? Y específicamente al presidente Hinckley:

Primero su humildad. Nos invitó a degustar de las bebidas saludablemente atractivas que estaban dispuestas para nosotros, pero él empezó a servir a los demás, aunque ya no lo dejaron continuar. Su firmeza para plantear y defender los principios y doctrinas del Evangelio de Jesucristo, la grata resonancia de su voz al hablar de nuestro Salvador, su energía, su entusiasmo, alegría, seriedad y preocupación; su seguridad y certeza. Todos los dones en una sola persona.

Me dijeron que solo me atendería unos cuarenta minutos, pero dedicó más de una hora, dejando muy clara la respuesta a cada una de las preguntas.

Luego de la entrevista tuve la oportunidad de compartir un poco y hacer unas fotografías con las hermanas Hinckley y Sara de Molina, lo cual fue muy grato y una experiencia inolvidable.

Evangelio de paz

 “Nosotros creemos profundamente en Jesucristo, Él es la figura central de nuestra vida, religión e Iglesia. Él es el Salvador nuestro y del mundo”, enfatizó el presidente Gordon B. Hinckley, en la entrevista exclusiva realizada para el diario Prensa Libre, en enero de 1997, durante su visita a Guatemala.

“Nosotros venimos con el deseo de predicar el Evangelio de paz, no tenemos ningún objetivo adicional que el de ayudar a la gente. Buscamos que la gente mala se vuelva buena y que la gente buena se vuelva mejor. Nuestro propósito es contribuir.

“No tenemos otra mira que predicar el Evangelio de Jesucristo aquí. Y vamos a continuar el esfuerzo por llegar a nuestros miembros para asegurarles que les amamos, que les apoyamos, para darles ánimo y nuestra bendición”, dijo el profeta Hinckley. “No tenemos disputa alguna con otra denominación religiosa, ellos tienen sus doctrinas y sus enseñanzas. Ellos hacen mucho bien, y nosotros le decimos a las personas que traigan todo lo bueno que hayan encontrado en otras iglesias y que nos permitan compartir lo que nosotros tenemos”.

En su breve estadía en nuestro país, el presidente Hinckley habló frente a unas 35 mil personas de su congregación, en dos jornadas, en el estadio de La Pedrera, además de haber ofrecido una conferencia en Quetzaltenango, finalizando en nuestro país la gira por toda Centroamérica, donde se dirigió a públicos de 10 y 15 mil personas.

“Los líderes de cada nación son originarios de cada región, por lo que no se puede hablar de una Iglesia norteamericana, sino de una Iglesia japonesa, europea, guatemalteca, etc.”, indicó el profeta, añadiendo que en ese momento, había 50 mil misioneros de La Iglesia en más de 150 países y que La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días fue restaurada por el profeta José Smith, en Estados Unidos de América en 1830, a la manera de la Iglesia fundada por Jesucristo cuando estuvo en la tierra.

Hinckley

Complacencia por la firma de la paz:

“En la visita a esta región hemos disfrutado la interacción con la gente, nos complace y estamos agradecidos por los esfuerzos de este buen gobierno para lograr los acuerdos de paz que ahora se han concretado. Este es un gran país y ha sido muy noble con nosotros como Iglesia. Por nuestra parte creemos que hemos contribuido al fortalecimiento de esta nación, apoyando a las familias, que son la base de la sociedad, para que tengan éxito en sus funciones.

“También es bueno mencionar que cada miembro de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, en este país, es un buen ciudadano, ya que creemos en ser honrados, verídicos, castos, benevolentes, virtuosos y en hacer el bien a todos los hombres.  Así mismo, creemos en obedecer, honrar y sostener la ley”, manifestó el profeta Gordon B. Hinckley.

Al preguntarle sobre qué es un profeta, el presidente Hinckley indicó, “Dios siempre ha revelado sus propósitos a sus siervos los profetas, y si hemos necesitado revelación en el pasado, ahora en un mundo más confuso y complejo, más que nunca necesitamos revelación, y ese es el significado de un profeta, alguien que recibe instrucciones para guiar a su pueblo, que ha sido llamado para estar a la cabeza de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días”.

Y sobre cómo llegar a saber si el Libro de Mormón es verdadero, dijo: “Si lo lee con un espíritu de oración, cualquier persona puede llegar a saber de su veracidad. Es un compañero de la Biblia, ya que ésta da un testimonio del mundo antiguo. El Libro de Mormón es otro testigo de Jesucristo en el nuevo mundo”, finalizó nuestro amado profeta de Dios, Gordon B. Hinckley.