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Por CayLynne Carr Reed

Reflexiones sobre la música y su significado, en la reunión sacramental.

Hermana Reed

Hace algunos meses, mientras estaba sentada frente al piano tocando la música del preludio antes de la reunión sacramental, un pensamiento extraño llegó a mi mente: “Me pregunto si ¿alguien está escuchando? ¿Esta música de preludio hace alguna diferencia?” Traté de desechar la idea, recordándome que me encantan los himnos y disfruto tocarlos en el piano, sin importar quién esté escuchando.

Cantamos el himno de apertura y luego el himno de preparación para participar de la Santa Cena. El primer discursante fue un hombre joven de catorce años. Su tema era santificar el Día de Reposo. En medio de su discurso dijo, “Vengo temprano a la capilla cada semana para preparar la Santa Cena. Me encanta escuchar la música del preludio mientras preparo el pan y el agua. Mientras escucho la música, pienso en las palabras de los himnos y eso me ayuda a sentir el Espíritu”. Estas palabras tocaron mi corazón e inmediatamente respondieron la pregunta de si la música hace la diferencia.

“La música es una parte esencial de nuestras reuniones de la Iglesia. Los himnos invitan la presencia del Espíritu del Señor, inducen a la reverencia, nos ayudan a sentirnos más unidos y nos dan la oportunidad de alabar al Señor. (Himnario, Prólogo de la Primera Presidencia, página IX)

“Hablamos de Cristo, nos regocijamos en Cristo, predicamos de Cristo,” (2 Nefi 25:26.)  La música es una de las maneras en que “nos regocijamos en Cristo”.  En muchas ocasiones he sentido los testimonios colectivos de cada miembro de la congregación mientras hemos cantado juntos “Gozoso, canto con fervor: Yo sé que vive mi Señor” (Himno 73, Yo sé que vive mi Señor). Ya sea que hayan tenido o no el valor de pararse ante el púlpito, estaban compartiendo sus testimonios del Salvador.

Himnario

“El canto de los himnos muchas veces es en sí un elocuente sermón. Los himnos nos instan a arrepentirnos y a hacer buenas obras, fortalecen nuestro testimonio y nuestra fe, nos consuelan cuando nos sentimos tristes o desesperanzados y nos inspiran a perseverar hasta el fin”. (Himnario, Prólogo de la Primera Presidencia, página IX)

Durante un tiempo especialmente difícil para nuestra familia, después que un terrible accidente de auto había dejado a nuestro hijo gravemente herido, recuerdo que estaba sentada en una capilla muy lejos de casa, cantando un himno en preparación para recibir la ordenanza de la Santa Cena. Mientras cantamos: 

“Por mí Su sangre derramó,

y en la cruz Él padeció.

En agonía y dolor

murió, libró al pecador.”

(Himno 103, La Santa Cena)

Las palabras de pronto tuvieron un mayor significado para mí. Como había visto la sangre y observado el dolor de mi hijo durante las semanas anteriores, tuve un pequeño vistazo del precio que el Salvador había pagado por mí. Su sangre y Su dolor se volvieron reales para mí durante ese himno. Estoy agradecida por la bendición de la música en mi vida. Amo los himnos de Sión. Me encanta la oportunidad que tenemos de adorar juntos por medio de la música cada semana.

'Hijos del Señor, venid

en acuerdo a cantar.

Alabanzas ya rendid

al Señor, que reinará.

¡Oh qué cantos de amor

alzaremos al Señor!

¡Oh qué gozo reinará!

Nuestro miedo huirá'.

(Himno 26, Hijos del Señor, venid)


“La música inspiradora puede llenar la mente con pensamientos nobles, promover la acción justa y derramar paz al alma”. - Presidente Ezra Taft Benson


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El poder de los himnos para nutrir el alma - por el Elder Jay E. Jensen