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Por el Élder Carlos Arredondo, Setenta de Área

Vivir el Evangelio de Jesucristo

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'Si nos esforzamos por orar y leer las escrituras diariamente, tendremos el Espíritu Santo para guiarnos, y nuestro corazón se ennoblecerá por lo que estaremos más dispuestos a servir a nuestros semejantes y vivir el evangelio.'


En el Libro de Mormón encontramos la historia de los zoramitas, un pueblo que era miembro de la Iglesia, pero se habían alejado de sus principios y finalmente habían dejado de creer en Cristo. ¿Qué hizo que este pueblo que antes había sido iluminado con la luz de la verdad, haya apostatado al grado de no creer en el autor de la salvación? La escritura menciona que habían cometido grandes errores, entre los cuales están que habían dejado de guardar los mandamientos de Dios y que no habían observado las prácticas de la iglesia.

Pero ¿Cuáles eran esas “prácticas de la iglesia” que se mencionan en el relato? Se identifican por lo menos dos:

  1. No habían perseverado en la oración y súplicas a Dios diariamente para no entrar en tentación y
  2. Habían dejado de creer en las escrituras que contenían las palabras de los profetas.

Para los miembros de la Iglesia en Centroamérica la oración y el estudio diario de las escrituras es una práctica que se nos invita a hacer diariamente, entendiendo que al hacer esto, se fortalecerá nuestra relación con nuestro Padre Celestial y tendremos más disposición de guardar los mandamientos. Si nos esforzamos por orar y leer las escrituras diariamente tendremos el Espíritu Santo para guiarnos, y nuestro corazón se ennoblecerá, por lo que estaremos más dispuestos a servir a nuestros semejantes y vivir el evangelio.

La oración diaria

Aquellos que entienden el plan de salvación saben que ninguna obra es más importante que la que se hace dentro de las paredes del hogar. Quisiera que los padres que están luchando por hacer de la oración diaria una tradición familiar, no se desanimen y sepan que quizás sus hijos no recordarán todo lo que ustedes digan, pero no olvidarán lo que ustedes hagan.

Hace algunos años estaba sentado frente a mi computador cuando entró un correo electrónico de mi hija mayor que está lejos del hogar. Me pareció extraño porque ella usualmente no se comunica por ese medio, así que lo abrí inmediatamente. El correo decía simplemente: “Papito, gracias por enseñarme a orar”. En ese entonces mi hija Diana ya era una mujer adulta, casada y con dos hijas, por lo que mi mente se transportó a la época en que ella era una niña. Recordé que yo tenía la costumbre de orar con la puerta cerrada por cuestiones de privacidad, pero sentí que no era correcto. Pensé que, si lo seguía haciendo de esa manera, quizás mis hijos nunca sabrían que su papá oraba. Así que, pensando como adulto, empecé a dejar la puerta entre abierta, asumiendo que cuando ellos me vieran orando, no entrarían, pero eso no sucedió. Precisamente mi hija mayor, Dianita, era la que llegaba cuando estaba orando y se paraba en mis piernas, luego me abrazaba por la espalda y finalmente se subía sobre mis hombros para saltar hacia la cama. Me acostumbré a orar con las interrupciones de mis hijos, pero nunca pensé cuánto iba a impactar eso en sus vidas. Por esa razón, al recibir el correo de mi hija, me sorprendió el saber que aún muchos años después, ella todavía lo recordaba.

Después de Jesucristo, los padres deben ser el mejor ejemplo que un niño debería tener en su vida. Los niños sabrán cómo comunicarse con su Padre Celestial cuando vean a sus padres hacerlo. Como miembros de la Iglesia no podremos seguir el plan de salvación si no conocemos a su autor; porque... ¿Cómo conoce un hombre al amo a quien no ha servido, que es un extraño para él, y se halla lejos de los pensamientos y de las intenciones de su corazón?. Conocemos mejor a nuestro Padre cuando oramos a Él.

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La lectura de las escrituras

La primera vez que leímos el Libro de Mormón como familia fue sumamente difícil, porque los niños eran pequeños y se distraían muy fácilmente. Tardamos dos años para terminarlo. Leíamos cada uno un versículo y luego tomábamos el tiempo para comentar lo que más nos había impactado de lo que habíamos leído y terminábamos con una oración. En esa época uno de mis hijos menores estaba teniendo problemas para leer y ya nos habían indicado en la escuela que él tenía dificultad para concentrarse, así que cuando él leía lo hacía muy despacio y los demás perdían la concentración, por eso muchas veces solo leíamos unos versículos. Como padres siempre orábamos por él, para que pudiera aprender a leer correctamente. Sin embargo, no nos dábamos cuenta de que el Señor ya había proveído el medio. El impacto que la lectura del Libro de Mormón tuvo en la vida de mi hijo fue doble; primero le ayudó a tener confianza en sí mismo, ya que con el tiempo empezó a leer fluidamente, y más importante que esto fue la confianza que desarrolló en Nuestro Padre Celestial; aprendió que Él podía ayudarle en sus desafíos personales.

En el Libro de Mormón se mencionan estas hermosas palabras: “Y hablamos de Cristo, nos regocijamos en Cristo, predicamos de Cristo, profetizamos de Cristo y escribimos según nuestras profecías, para que nuestros hijos sepan a qué fuente han de acudir para la remisión de sus pecados”. Lo mejor que podemos hacer por nuestra familia es enseñarles a amar las escrituras que testifican de Cristo y muestran el camino para seguirlo.

Doy mi testimonio de que, si nos esforzamos por orar y leer las escrituras como familia diariamente, tendremos un testimonio y una fe firme en nuestro Padre Celestial y en Jesucristo de que ellos nos sostendrán en las dificultades de la vida.