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Por élder Luis Ricardo Arbizú, Setenta de Área

La Autosuficiencia Espiritual

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'El cometido de todo discípulo del Salvador es lograr la autosuficiencia espiritual'


El Salvador enseñó a los judíos, “Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia”. (Juan 10:10) Al hablar de “una vida abundante”, el Señor se estaba refiriendo a las bendiciones relacionadas con su Evangelio, cuando aceptamos y recibimos convenios y vivimos de acuerdo con ellos. Al analizar las palabras del Señor sobre “una vida abundante” en el contexto en que lo estaba enseñando, podríamos decir que se estaba refiriendo a “ser autosuficientes espiritualmente”.

La autosuficiencia es un principio del Evangelio y lo definimos como la capacidad, el compromiso y el esfuerzo de proporcionar los elementos espirituales y temporales indispensables para sostener la vida de uno mismo y de la familia. Conforme los miembros llegan a ser autosuficientes, también tienen mayor capacidad para servir y cuidar de los demás.

El élder Dallin H Oaks, del Cuórum de los Doce Apóstoles, enseñó: “Cualesquiera sean las causas que nos hagan depender de alguien más para decisiones o recursos que nosotros mismos podríamos proporcionar, nos debilita espiritualmente y retrasa nuestro progreso hacia lo que el plan del Evangelio desea que seamos”. (Dallin H. Oaks, “Arrepentimiento y Cambio', Liahona, noviembre de 2003, pág. 40.) El cometido de todo discípulo del Salvador es lograr la autosuficiencia espiritual, lo cual es el resultado del esfuerzo personal y constante por ser fieles a los convenios y seguir los consejos de nuestros profetas.

Debemos recordar que los principios como la autosuficiencia no son eventos que suceden en un momento determinado de nuestra vida, son el resultado de un esfuerzo y disciplina constante por hacer las cosas simples y sencillas del Evangelio, como la lectura diaria de las Escrituras, la oración personal y familiar, la noche de hogar, asistir al templo tan frecuente como nuestras posibilidades lo permitan y el tomar la Santa Cena semanalmente.

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Recientemente, nuestro amado profeta, el presidente Thomas S. Monson nos invitó a leer el Libro de Mormón, él dijo: “Estoy convencido de que un testimonio firme de nuestro Salvador Jesucristo y de Su evangelio nos ayudará a mantenernos a salvo. Si no están leyendo el Libro de Mormón todos los días, por favor háganlo. Si lo leen con espíritu de oración y con el deseo sincero de saber la verdad, el Espíritu Santo les manifestará que es verdadero”. (Conferencia General, abril 2017).

Al reflexionar sobre nuestra propia autosuficiencia espiritual, meditemos en las palabras del presidente Marion G Romney, quien fue miembro del Cuórum de los Doce Apóstoles: “Sin la autosuficiencia, una persona no puede llevar a la práctica los deseos innatos de prestar servicio. ¿Cómo podemos dar algo que no existe? Los alimentos para los hambrientos no pueden provenir de estantes vacíos; el dinero para asistir a los necesitados no puede salir de bolsillos vacíos; el apoyo y la comprensión no pueden surgir del que está emocionalmente ávido por ellos; la enseñanza no puede ser impartida por el analfabeto, y lo más importante de todo la guía espiritual no puede provenir del que es débil en este aspecto”. (Marion G. Romney, “La divina naturaleza de la autosuficiencia”, Liahona, enero de 1983, págs. 176,178.)

Mi testimonio es que el Señor consagra nuestros esfuerzos cuando tratamos de llegar a ser autosuficientes espiritualmente y es por medio de su gracia divina, un poder que nos habilita para lograr nuestros propósitos justos, que podemos lograrlo. Él nos ama y desea que todos tengamos una “vida abundante”.