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Por Mario Velásquez

Cómo han bendecido los llamamientos mi vida

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'Testifico que los llamamientos en verdad dan a los hombres y mujeres de esta Iglesia la oportunidad de progresar'


Los llamamientos han constituido una bendición en mi vida desde muy temprano. Recuerdo que recién me bauticé, me acogió un sentimiento de inseguridad que por un momento me hizo olvidar lo que el Espíritu me había hecho sentir sobre la veracidad de la Iglesia al momento de recibir las charlas misionales. Este sentimiento en dos ocasiones me hizo permanecer en casa el domingo y no asistí a la capilla. Por la tarde de cada uno de esos días llegaron hermanos que se vieron inspirados a visitar a un jovencito de 17 años con desánimo, a fin de motivarme a seguir activo en la Iglesia.

Al regresar el siguiente domingo luego de la segunda ocasión de mi intento de dejar de asistir, el presidente de la entonces rama Trujillo, el hermano Ángel Rodríguez, me llamó a su oficina y me dijo que me extendería un llamamiento. No tenía la menor idea a qué se refería, “¿llamamiento? ¿qué era eso?, me pregunté. Luego de algunas preguntas de rutina en cuanto a mi dignidad me extendió el llamamiento de presidente de Hombres Jóvenes. Esto cambió completamente mi vida. Recuerdo varios días después de esto, haber tenido de nuevo el impulso de no asistir un domingo a la capilla, entonces recordé algo que mi padre siempre me decía: “Mario si vas a hacer algo, hazlo bien o de lo contrario mejor no hagas nada...”. El sentimiento de no asistir a las reuniones dominicales desapareció y no ha vuelto a ocupar mi mente de nuevo. El llamamiento como presidente de Hombres Jóvenes me salvó. Me ayudó a permanecer firme y fiel en la fe. El presidente Hinckley nos enseñó que todo nuevo converso debe tener: Un amigo, una asignación (llamamiento) y ser nutrido por la buena palabra. Una de las bendiciones de tener un llamamiento es que permite servir a otros, quienes llegan a ser nuestros amigos. También nos estimula a ser nutridos por la buena palabra al prepararnos para servir.

Mario

Testifico que los llamamientos en verdad dan a los hombres y mujeres de esta Iglesia la oportunidad de progresar. Desde mi primera experiencia he tenido la oportunidad de servir en varios llamamientos como ser misionero de tiempo completo, maestro de seminario e instituto, presidente de rama, consejero a tres obispos, etc. Cada uno me ha permito aportar a esta, la gran obra del Señor. Qué maravilloso es saber que Él se complace en el servicio desinteresado pero significativo que prestamos, cual sea el lugar al que se nos haya llamado. Si no tiene un llamamiento o asignación, hable con su obispo y hágale ver lo mucho que desea servir al Señor.

Recuerdo que cuando llegué por primera vez a San Pedro Sula en el año 2006, me presenté al presidente de la rama y le dije que estaba a la orden para lo que él necesitara. Luego de un mes sin ser llamado, le volví a decir lo mismo. Pasó otro mes y nada, así que volví nuevamente y le dije lo mismo con un aditamento, “presidente, no me gusta estar sin hacer nada por favor deme al menos una asignación”. Luego de eso fui llamado a trabajar con la obra misional, los jóvenes en la rama y también los futuros misioneros en la estaca simultáneamente. Los dos meses de espera valieron la pena.

El Señor se vale de sus hijos aquí en la tierra y del servicio que ellos prestan. Que nuestra labor realmente sea de bendición a aquellos entre los cuales trabajamos y que el Todopoderoso sienta que somos de ayuda en una parte de Su viña por la labor que realizamos en ella. Testifico del amor, paciencia y buenos deseos de Dios para con nosotros.